REQUISITOS PARA SER UN BUEN LEÓN DE CALIDAD

Por: CL Antonio Ortega Serrano.
Córdoba - España.


Hace tiempo que en esta sociedad materialista en la que hoy vivimos se ha dejado de hablar, por desgracia, de los valores humanos.
El buen maestro de escuela de antaño, aquél hombre que no se conformaba con dar a sus alumnos unas meras enseñanzas académicas y que era Magíster tres veces más que los demás, y que ejercía de guía para las conciencias de sus jóvenes educandos, aquél viejo maestro de tiempos pasados amaba vocacionalmente su profesión, ha dejado de hablar hace mucho tiempo y salvo excepciones, de temas tales como la honradez, la caballerosidad, el espíritu de servicio, la responsabilidad, el deber, el honor, etcétera.


Tampoco el hogar contemporáneo en este mundo occidental, hecho de consumismo, de prisas y de competitividad en el que nos desenvolvemos, tampoco él cuenta ya en muchas ocasiones con la voz del padre o de la madre, que señalan a sus retoños más jóvenes caminos de valores íntimos y necesarios, caminos alejados del gasto por el gasto, de la apariencia, del oropel con el que nos deslumbramos a nosotros mismos y pretendemos deslumbrar a los demás, y la prensa de hoy, algunos libros o revistas que se editan hoy, la televisión de hoy, esa que está llena de sexo o de violencia, sin tener en cuenta, ni la hora, ni si pueden haber menores de edad viéndola, suelen ser medios con los que profundizamos cada vez más y tan sólo en Dogmas sociales externos a las personas, actualmente en boga, dogmas que todos aceptamos sin rechistar como la productividad, el marketing, el atesoramiento y las sacrosantas leyes del mercado.


Como resultado de esta falta de atención, que ahora sufrimos, cuando deberíamos con más nobleza adornar el corazón de los hombres, los hombres actuales nos vemos en un cierto descarrío, en una cierta orfandad de metas y horizontes, en un cierto desmoronamiento de principios sólidos para apoyarnos y para hacer pedestal de nuestras conciencias, de nuestra acción, de nuestras relaciones personales, profesionales o ciudadanas. Pero ser miembro de un Club de Leones, queridos amigos, no nos permite estar a salvo de muchas definiciones, no nos permite ir contra la corriente, ni contra el ambiente de vaciedad que impera por doquier; ser miembro de un Club de Leones, nos da pie también para buscar alrededor nuestro a mujeres y hombres que deseen hacer suyos los principios que hemos abrazado hace años y que faltan clamorosamente -como acabo de decir-, en el mundo que nos rodea.


Los valores en los creemos, la filosofía de la vida que significa ser León, no es estar de León, es muchísimo más, os habéis dado cuenta y estaréis de acuerdo conmigo, en que ser leones, es ante todo, poseer una cierta filosofía de la vida, una cierta idea del hombre y de lo que debe ser éste. Conoceréis probablemente aquella célebre anécdota y aquélla no menos célebre respuesta del General D’Gaulle a un periodista, que cierto día le preguntó:
-Mi General, ¿Qué es el Golismo?-
-¿El Golismo? El Golismo es una cierta idea de Francia.-
Respondió el fundador de la V Republica francesa.


Parafraseando a D’Gaulle, pienso y me atrevo a afirmar, que el Leonismo es, con seguridad, una cierta idea del hombre, una cierta idea de lo que deseamos hacer de nosotros mismos, de lo que deseamos hacer de la ciudad en la que vivimos y a la que pertenecemos, de lo que nos gustaría que fuese la sociedad actual en la que nos ha tocado vivir, en la que el destino ha querido que naciésemos y en la que echamos de menos valores trascendentales y eternos. Ser León no es dar una limosna, aunque algunas veces sea de urgente necesidad el tenerla que dar; ser León no es, por supuesto, hacer fiestas y entonar himnos, aunque la alegría de las fiestas y de los himnos puedan sernos útiles; ser León no es necesariamente recibir diplomas ni premios, aunque los premios y los diplomas nos estimulen; ser León es en esencia, tener una cierta idea de lo que quiero ser y de lo que quiero hacer de mí y hacer por los demás, desde una perspectiva humana, cívica, cultural, social y en síntesis desde una cierta perspectiva del hombre.


¿Y que valores son esos que debemos poseer nosotros? ¿Y que tenemos que buscar en cualquier posible candidato de calidad, con el que deseamos compartir y enriquecer nuestro propio Club y nuestra propia Organización Internacional? ¿De qué cualidades deben estar adornados esas mujeres y esos hombres a quienes quisiéramos captar para estar trabajando a nuestro lado? ¿Tenemos la suerte de contar con un patrón a medida exacto, para juzgar la valía de cualquier aspirante León?
 

En los Objetivos y en el Código de Ética de los Leones se encuentra, a mi entender, el perfil y la plantilla perfectos, del León perfecto. Leyendo esas breves líneas que configuran, por ejemplo, el Código de Ética, me parece vislumbrar como esenciales los siguientes requisitos para cualquier persona que quiera acercarse a nuestros clubes; no voy a enumerar, claro está, todas las virtudes que podría tener ese aspirante, o que nosotros mismos deberíamos exigirnos, pero las que enumero me parecen imprescindibles; ha de ser en primer lugar, una persona trabajadora, que crea en lo que realiza, para que pueda mostrar su fe en lo que hace y para que persiga la perfección en los servicios que preste dentro y fuera de su Club. Ha de ser una persona con dignidad suficiente como para evitar en todo momento el aprovechamiento injusto, o las acciones dudosas en su quehacer profesional, una persona con la valentía necesaria para negarse a desarrollar sus propios negocios a costa de la destrucción de los de los demás, una persona que para que siempre que surja duda, una incertidumbre, en cuanto a sus derechos con relación a los derechos de sus semejantes, a costa de él mismo. Ha de ser alguien con un sentido de la amistad, de la amistad como un fin y no como un medio, de la amistad verdadera, sin cortapisas, que se acepta con el mismo espíritu, con el que la amistad surge, sin pedir nada por ello. Sería bueno pues también, que fuese alguien con capacidad de enamorarse de eso en lo que tiene sus raíces, la propia ciudad, las gentes con las que convive, el país que le cobija y al que debe lealtad constante de pensamiento, de palabra y de obra y al que ha de dedicar generosamente su tiempo, su trabajo y sus recursos.


Debemos intentar que sea igualmente una mujer o un hombre con la sensibilidad necesaria como para conmoverse con la atribulación y consolarla, con la debilidad y fortalecerla, con la pobreza y socorrerla. Necesitamos personas equilibradas, mesuradas en la critica y en el elogio, que no tengan vocación de destructores y que además de todo eso, es algo sencillo y que todo el mundo sabe hacer, que sepa construir, levantar, apoyar, impulsar, fortalecer y liderar, etcétera.
 

Y tras examinar brevemente nuestro Código de Ética, si nos fijamos en todos sus puntos y posteriormente hacemos lo mismo con los Objetivos de Lions International, es evidente que un socio y un candidato de calidad de esta organización ha de ser entusiasta, convencido de que por encima de tensiones, de guerras, de gentes empeñadas en que el hombre no deje de ser nunca lobo del hombre, se puede trabajar en la noble tarea de fomentar un espíritu de entendimiento entre los pueblos en el mundo, se puede luchar por promover la teoría y la practica del buen gobierno y la buena ciudadanía, se puede y se debe tomar parte activa en el desarrollo cívico, social, cultural, moral y en el bienestar de la comunidad, aunque haya personas u organizaciones con más fuerza aparente que nosotros, que se erijan en tribunos de la discordia, porque de esa discordia hacen el caldo de cultivo en el que medran sus negocios, egoísmos y sus ciegas apetencias.
 

Un socio de calidad debe estar dotado de un claro espíritu de compañerismo, de ese compañerismo en el que los Leones de cualquier lugar en el planeta se unen en vínculos de amistad y mutuo entendimiento, debe ser alguien inquieto, curioso intelectualmente, deseoso de aprovechar la oportunidad que nuestros clubes le brindan y los que les proporcionarán motivos para la discusión serena, no para la agria disputa, para el estudio de cualquier asunto de interés público, con la sola excepción de la política partidaria que divide y enfrenta a unos con otros, o con el sectarismo religioso que, en nombre de un Dios pequeñito y ramplón, que a veces, damos la sensación de poseer en exclusiva, como si lo tuviésemos escriturado a nuestro nombre, nos aleje del Dios de todos, el Dios Infinito, de la causa de todas las causas que rigen el universo; por último, todo socio y todo candidato de calidad, convendría que tuviera capacidad de líder, para que fuese capaz de movilizar a otros lideres que ha asumido la responsabilidad de servir a sus comunidades, alentando la eficacia, fomentando la uniformidad de ética en las familias, en el comercio y en la industria, en las profesiones, en las obras públicas y en los proyectos privados.
 

¿Verdad, queridos amigos y compañeros, que a la vista de esto, que tan clara y tan simplemente, se detalla en nuestro Código de Ética y en nuestros Objetivos, ha de resultarnos fácil buscar esos nuevos socios de calidad? ¿Verdad, que entre la amplia y bella misión que los Leones nos hemos impuesto, nada importa el que tengamos la sensación –a veces- de que vivimos en una sociedad huérfana de valores e ideales? ¿Verdad, que sería bueno que nos dedicásemos a dotarnos de este enriquecimiento personal, de estas cualidades que deben adornar a todo perfecto miembro de un Club y a conseguir captar a otros Leones, dotados también de sus valores, de los que desgraciadamente no hablan jamás los periódicos, ni la televisión, ni las revistas de gran tirada, ni la prensa amarilla o la del “corazón”, pero que son valores que necesitamos los seres humanos para tener la reconfortante sensación ante nosotros mismos, de que somos algo más que animales que respiran, se alimentan y duermen, algo más que máquinas que producen, que monigotes que se dejan absorber el cerebro por la publicidad, comprando, consumiendo y gastando?
 

Y para terminar, a esos os invito estimados compañeros, desde la alegría, desde la ilusión, desde la fortaleza, sí desde la fortaleza; sin ella no haremos nada, nada haremos, si somos pusilánimes o débiles y el mundo nos necesita porque debemos ser portadores de unos valores que el mundo frecuentemente no tiene; seamos fuertes por lo tanto, como el rey de la selva, como un León, pues las dificultades tanto externas como internas, no han de faltarnos, ya que un rey débil debilita a los hombres fuertes que gobierna y eso no debe ocurrir jamás, debemos ser como reyes fuertes, como lideres avezados, Leones que siembren de fortaleza y de entusiasmo su propio corazón, su propia ciudad, el mundo que les rodea y transmitírselo al mundo entero, para que ese mundo, ese mundo que nos rodea sea en que se pueda habitar desahogadamente.
 

Eso queridos amigos es ser un gran León, y para ser un gran León de calidad, sencillamente, un verdadero León, creo que es tan imprescindible como necesario, contar con todas esas virtudes.