¿POR QUÉ SOY LEON?

Por: PDI Manuel Muñoz Nájar Cossini

Perú

Esta pregunta es una llamada al corazón y al porvenir.

Al corazón, porque trata de un acto de fe. Al porvenir porque es una promesa, la mejor promesa de hacer cierto nuestro afán de mejora.
Resulta difícil encontrar las palabras que expliquen los pensamientos y los sentimientos, sobre todo cuando éstos se relacionan con aspecto tan trascendente de nuestra vida, como lo es el Leonismo. Ser León es un compromiso fervoroso con un ideal y es una cita luminosa con nuestra propia conciencia.

Puedo asegurar, sin lugar a equivocación, que mi integración al Leonismo produjo un cambio en mi persona y a la vez una oportunidad de realizar mi formación humana y cristiana a través de un esfuerzo
de servicio a la comunidad. A pesar de tantos años transcurridos, cada día voy conociendo, voy sintiendo lo que el concepto de León significa; mi interés va creciendo por todo lo que me rodea y en
especial, las necesidades apremiantes del mundo actual. El Leonismo es un verdadero manantial de bien, que más da mientras más entrega.

Si fuera posible separar y analizar los ingredientes que componen a un León; se podría decir que son, una aplicación práctica de la energía en la realización plena de proyectos; una convicción a toda
prueba, sin limitaciones y con una entrega total; y sobre todas las cosas, un amplio concepto de la responsabilidad del servicio en nuestra vida diaria y en la comprensión de los problemas que de ella
emanan. El Leonismo, es una luz y es un camino. Engrandece el espíritu y ennoblece nuestros actos.

Concebía yo el Leonismo como un grupo de hombres de buena fe que deseaban y se proponían dar lo mejor de sí a aquellos que necesitaban su apoyo y esto es una realidad. En el Leonismo he encontrado amigos, que con el tiempo han aumentado mi respeto hacia su persona y hacia mi propia actuación y conducta. El usar nuestro distintivo, sólo es un acto que se complementa con nuestras acciones. Una sin la otra no tiene valor alguno, ni razón de ser. En el Leonismo nacemos a una
generosidad de sentimiento y de acciones en común. Nos reclama nuestro aporte personal y nos entrega una ansiosa inquietud de dar más.

Ya como León, me encontré con la importancia de buscar la manera y la forma de ayudar en la realización de programas y actividades llevados a cabo por los Leones de acuerdo con las necesidades de la comunidad. Los recuerdos de muchas actividades en el curso de más de 50 años, vienen a mi memoria, cuando se amalgaman mis frustrados esfuerzos o mis alegrías por desgracias superadas.

Quizás mis anteriores palabras, no tengan suficiente claridad; pero reflejan mi verdadera forma de pensar. Si tuviera que explicar mi estado de ánimo como consecuencia de la mística y acción
leonística, diría junto con aquel notable portorriqueño, Eugenio María de Hostos: "El hombre deja en sus actos y en sus pensamientos, más allá de la vejez y de la muerte, la esencia de su alma". En ello, pienso, se encuentra mi única intención y el verdadero fin, por el cual me explico a mí mismo, por qué soy León.

Ahora bien, el Leonismo siempre es una proyección personal. Es ubicarse frente al mundo. Es una permanente pregunta de cómo ser útiles a nuestra familia, a nuestra comunidad, a nuestra patria.
Es la confianza comprensiva de que tenemos mucha luz que dar. Pero, la generosidad del servicio desinteresado, no basta para entenderla.
No es suficiente compenetrarse de lo que significa. Más aún, la generosidad requiere encarnarse. Debe ser prolongación creciente, repartida para ser más grande, de mano a mano. Necesita ser simiente entregada más y más para dar cosechas mayores de obras efectivas. Por eso, somos Leones.

Como Leones, tenemos una seria responsabilidad de liderazgo ante nuestras propias familias, ante nuestras comunidades, para con nuestra patria y ante el mundo también. Somos un caudaloso río
de acciones personales para construir y no destruir. Reunimos con fecundo propósito, humildes y desapercibidas entregas de miles de hombres hasta formar la más poderosa y extensa fuerza de servicio.
Nuestro liderato es pues, indeclinablemente de entrega y de sencillez. Tenemos que probar una capacidad creciente entre nosotros donde no caben altiveces egoístas, no pretensiones de círculo
excluyente, ni criterios de casta elegida para menospreciar a quienes pueden aportar tanto o más que nosotros y con más humildad aún.

Como los grandes y más poderosos ríos, solamente podemos serlo, si somos capaces de recibir como el mejor, hasta el más pequeño aporte de generosidad y servicio, porque ellos son la valiosa fuente de nuestra auténtica grandeza. Porque ser líder no quiere decir ser grande ni poderoso; sino ser simiente, motor, don al servicio de -como se ha dicho-, familias, comunidades, patria y mundo entero.
Hagamos escuela de esta actitud y estaremos consiguiendo la realización de la más certera política leonística. Por eso en el Leonismo, tratamos de ser líderes de los demás, sirviendo a todos y por eso también somos Leones.

Ser León es tener los pies sobre la tierra. Es actuar con una conciencia lúcida del momento actual. Es una opción inmediata en tomar la realidad como un camino que reclama nuevos horizontes. Es decir, significa atender el clamor que nos rodea y ofrece la aventura creadora de delinear nuevos destinos más altos, partiendo de lo actual. La actualidad es convulsa y sombría si la dejamos librada a su tendencia propia. Los signos que la enmarcan son de egoísmo, de violencia y de degradación. Hay hambre, hay sangre y terror; hay drogas. En el marco que nos rodea, problema político, económico y
social; en efecto, sí lo es. Pero sobre todo, es una quiebra moral del espíritu. Es un problema de conciencias. Necesitamos urgentemente fraternidad, solidaridad, amor activo ante nuestros semejantes.
Necesitamos más y más, ayudar al menesteroso y saciar el hambre y las miserias que nos rodean. Necesitamos más y más, promover un generoso entendimiento que nos haga más humanos. Urge más y más, un amar activo capaz de servir con largueza y sin pedir nada por ello; es decir, el evangelio del buen obrar. Y sobre todo, es indispensable, urgentemente indispensable diría yo, que pongamos nuestros corazones y nuestros mejores afanes en el camino de los jóvenes.

"Caminante no hay camino, camino se hace al andar" nos dijo el poeta. Andamos y anda nuestro mundo en busca de los valores que los guíen seguramente; esos valores son los que siempre la Humanidad ha probado como los únicos eficaces: los valores del bien, de la dignidad humana, los del Evangelio. Esos valores nos llaman al servicio del semejante porque nos dicen que hay que amar al prójimo como a uno mismo. Necesitamos retomar esos valores que levantaron esta civilización y cuyo abandono, indefectiblemente la hundirá sin remedio. Es hora del rearme espiritual; y no hay camino porque los valores que necesitamos urgentemente, no van a venir a tocarnos la puerta. No hay camino, camino se hace al andar; somos nosotros los que tenemos que salir a buscar estos valores del bien; nosotros los que tenemos que hallar la mejor manera de realizarlos, donde quiera que actuemos. Recobremos las luces y los principios morales que vemos abandonados, olvidados, pisoteados por el egoísmo, el mal, el crimen o las drogas. Somos los caminantes que podemos trazar nuestro propio
camino hacia el bien y hacia la dignificación.

Los Leones vivimos esta aspiración y podemos lograr frutos de bien porque conjugamos nuestros corazones en el crisol de la amistad. Es la amistad el puente que nos lleva a todo lo mejor. Soy pues León, porque además creo en el poder de la amistad en la realización de un hermoso ideal de servicio a los semejantes. Podemos dar sin recibir nada por ello.