Leoismo

Extractado por CL César P. Paiva
Club de Leones "Parque Urquiza"
Paraná - Pcia.de Entre Ríos - Argentina
LEOISMO
  • LIDERAZGO:      La formación de Líderes en el Leoísmo.
  • EXPERIENCIA:   Los Leos y la Experiencia.
  • OPORTUNIDAD: Los Leos y la Oportunidad.
LIDERAZGO: La Formación de Líderes en el Leoísmo.
 
Dirigente es la persona que siente la responsabilidad de conducir a un grupo humano, tiene la vocación de hacerlo, la fe que podrá y la capacidad para realizarlo en forma eficaz y eficiente.
La responsabilidad se nutre de los valores éticos que una persona tiene. Hay dos forma de vivir: para uno y además para la comunidad. Vivir para uno solo es empequeñecer nuestra vida hasta acercarla a la de los seres irracionales. Quien vive solo para sí, termina siendo insensible a las más pequeñas cosas, no quedándole tiempo para entender ni siquiera su propia naturaleza. Es solo en la vida social donde las personas se realizan plenamente y alcanzan la mejor comprensión de si mismo. El acto ético de mayor nivel que el hombre haya podido realizar es el de hacer el bien por el bien mismo; esta acción solo pueden realizarla quienes se han ubicado perfectamente en la vida.

En el Leonismo ésta constituye la esencia de su lema "Nosotros Servimos". La actitud ética del servicio no es la de servidumbre, sino la de concebir el servicio como un acto voluntario, hecho con el solo fin de hacer el bien. Es el acto de una persona plenamente libre que trabaja para crear condiciones más propicias en la comunidad para beneficio de todos y por todos y por ello también de sí mismo. La vocación de conducir debe construir ese fuego sagrado capaz de las grandes realizaciones.
Sin vocación, nada grande puede hacerse. En este mundo de organizaciones, donde la sociedad está constituida prácticamente solo por organizaciones, las oportunidades para la conducción son muchas, pero su aprovechamiento requiere personas con responsabilidad y vocación para ejercerla. La responsabilidad es la guía acertada de la vocación, pues con esa orientación la vocación será sabiamente canalizada hacia el ejercicio de una conducción en beneficio de todos. La fe se requiere para no paralizarnos por el temor al fracaso. Toda persona que desee fervientemente algo, está en condiciones de lograrlo.

Hemos sido hechos a imagen de Dios y tenemos por lo tanto la capacidad de la creación; comencemos por tener fe en que esa capacidad de crear en nosotros esa capacidad de líderes que nuestra vocación nos llama a ser guiada por el sendero de la responsabilidad. Por último el líder desarrolla esa capacidad de conducir, sea bajo la forma de estadística, gobernante o empresario, comenzando por reconocer la importancia de los objetivos que se debe perseguir y todos aquellos que dependen de él deben participar en este descubrimiento, para que luego le presten su lealtad por ser objetivo, una cosa propia; asimismo, el participar en el descubrimiento señalado, hará que quienes deban cumplir con los objetivos, los comprendan plenamente, porque han sido gestores de los mismos. Es que los objetivos como la personalidad de una persona debe nacer de adentro hacia afuera, para ser realmente genuinos; no pueden ser impuestos. De esa forma se logra que los objetivos de las organizaciones, estén integrados con los objetivos personales, logro este que constituye la función esencial de la dirección. El proceso de participación en la definición de los objetivos, le dará al dirigente la oportunidad de conocer profundamente las necesidades de sus líderes, y ello traerá como consecuencia el desarrollo de la confianza en el directivo, porque se lo sabe conocedor de las necesidades de la comunidad, de la gente que conduce; esta se sentirá comprendida y aceptará de buena gana las indicaciones del así transformado esencia del liderazgo, la confianza que el líder despierta en sus ¡¡dorados y esa confianza, como se dijo, se alimenta del conocimiento que el líder tiene de la gente que conduce, le prestará su apoyo natural por la confianza que le merece.

Llegados a este punto, podemos observar que deberíamos entrar en el estudio de las técnicas de conducción, el llamado proceso gerencial, para completar esta breve exposición. De la definición de objetivos debemos pasar al acuerdo de responsabilidades para lograrlos. Luego a la permanente orientación y motivación de quienes lo necesiten. Por último, el control del logro de objetivos para dar el consejo oportuno.
El Leoísmo constituye un medio excelente para el desarrollo de estas capacidades de las que tanto necesita el mundo actual y en especial nuestra Nación.

EXPERIENCIA: Los Leos y la Experiencia

El Leonismo abre sus puertas a los jóvenes con una esperanza y una ilusión: la esperanza de que los principios que inspiran su fundación sean conocidos tempranamente por quienes han de sucedernos en la acción altruista, humanista, solidaria que se ha impuesto; la ilusión de que su fuerza propulsara y cristalizadora en beneficio de la sociedad sea tan vasta que no quede en la tierra resquicio sin cubrir con sus beneficios efectos.
A la juventud compete una acción futura dentro de nuestro campo de trabajo. Pero esa futuridad no exime en modo alguno de obligaciones presentes actuales. No hay futuro sin un presente germinador. Y, entre nosotros, ese presente está conformado por los jóvenes leos que se allegan a sus filas, que procuran saber que se busca y que desean conocer los carriles que se recorren para alcanzar sus fines.
El acucioso afán que mueve a los leos traduce no solo una sugeridora inquietud, sino también patentiza un estado espiritual, revelador de una conducta. La conducta que la juventud argentina receló a lo largo de la historia de nuestra patria. Se valora a la juventud por lo que ella representa, por su esencia prístina y por su fuerza realizadora, por su deseo incoercible de aprender, de ensanchar el escenario de sus posibilidades y de abrirse horizontes fecundos. No es elogio simplemente, es examinar.
De ahí que se asista con viva emoción la presencia espontánea de la juventud en el Leonismo. Ello en sí constituye un índice de la mayor elocuencia. Al llegar al Leonismo adopta, en principio, una actitud constructiva. No va a integrar sus filas con la vista fija en un interés, sino con la intención de un desprendimiento. Viene a dar, no a recibir.
En esta oportunidad, resulta grato exponer ciertas reflexiones encaminadas a proporcionar alguna orientación para su inmediato desenvolvimiento, Para ello es necesario valerse de la experiencia adquirida en una vida de trabajo. ¿ Que mejor, entonces, que abordar, precisamente, el tema de la experiencia? La ocasión, la brinda el propio nombre LEO, cuya segunda letra se explica como inicial de "experiencia".
¿Que es la experiencia? ¿Como explicarla, si es el resultado de un ejercicio vital que se extiende a lo largo de factores temporales indefinidos?
Como siempre que se encara el desarrollo de un tema, el diccionario comienza por darnos una base de sustentación expositiva. El de la Real Academia Española nos indica que la experiencia es el ' advenimiento, la enseñanza que se adquiere con el uso, la practica o solo con el vivir'. Aquí tenemos, pues, un primer elemento esclarecedor.
Para alcanzar experiencia hace falta vivir, entendido el tiempo no como el mero alentar, sino como el ejercicio de una actividad. Esa enseñanza que se adquiere con el uso o la practica tiene derivaciones incalculables, porque conduce a la experimentación, método científico de indagación, fundado en la determinación voluntaria de los fenómenos. También nos conduce a experimentar, que vale tanto como probar y examinar prácticamente la virtud y las propiedades de una cosa.
No se desea ahondar demasiado en estos conceptos por lo fastidiosos que resultarían y sí insistir en alguna otra definición de la experiencia, como aquella que nos dice que es el conocimiento que se adquiere gracias a la práctica y la observación.

En la claridad y sencillez de estos términos encontramos un camino: para alcanzar experiencia hace falta detenerse en la observación. No se adquiere experiencia sin observar, sin aplicar nuestro detenido examen a los hechos y a las cosas. Claro está que lo radical reside en elegir lo que debemos observar. ¿Hace falta que se puntualice a la juventud que circunstancias deben ser materia de su observación?. En primer término, todas las que la vida presenta; pero fundamentalmente las que conciernen a su particular cometido. Observar no es otra que examinar atentamente. Lo digno de ser examinado no admite exclusiones; pero si obliga a una selección, para que nos quedemos con lo ejemplificador, lo que puede reglar nuestra conducta. En esta tarea selectiva que nos impone el deseo y la necesidad de ganar experiencia, hay otro factor que abre cauces incalculables. Es la curiosidad. ¿Qué es la curiosidad? Pues, simplemente, el deseo de saber y aprender. No consideremos a la curiosidad como el hecho que nos lleva a inmiscuirnos, en lo que no nos importa, a husmear en lo baladí e intrascendente. La curiosidad a que nos referimos es complementaria de la observación, debe llevarnos a la meta del conocimiento aprovechable.
Avanzándonos un poco más, ubicándonos en el punto de mira psicológico, podemos asegurar que la experiencia suministra los datos para el conocimiento de los hechos o fenómenos. En ello difiere de la razón, que es la facultad de las primeras ideas y principios.
Se alcanza a comprender el valor de la experiencia si se toma en cuenta que en el campo filosófico se la considera como un ejercicio fundamental, previo a toda facultad. La imaginación reproductora y creadora y el entendimiento trabajan sobre un contenido de experiencia, Tanto es así que desde tiempos remotos tiene vigencia un aforismo muy conocido: " La experiencia es la madre de la ciencia». ¿Oué se quiere expresar con él? Pues que sin el uso y conocimiento práctico, difícilmente se alcanza el verdadero y perfecto dominio de lo que aprendemos. En otros términos, que la teoría por sí sola no producirá jamás los beneficiosos resultados de la práctica, a la cual debe su origen.
Una vieja locución latina afirma que "experiencia docet stulfus", con la que se sostiene que las personas de inteligencia poco despierta no aprenden por medio del raciocinio, sino por las lecciones de la realidad.
Pero ¿cómo se adquiere la experiencia? ¿Es meramente una adquisición directa, intuitiva, inmediata? Mucho se ha discutido el tema en el campo de la filosofía. La verdad es - y todos lo podemos comprobar- que la experiencia, lo que comúnmente se reconoce como tal, es un proceso complejo o, tal vez, el resultado de una elaboración. Por eso es corriente llamar experiencia no al fenómeno actual y transitorio, sino a la repetición o reiteración que enriquece nuestras facultades de percepción directa. Y a la vista está que la experiencia se caracteriza por una serie de modificaciones favorables.
Vernos así, cuando nos puede dar la experiencia, vale decir, el conjunto de conocimiento obtenidos mediante los sentidos extremos e internos.
Solo resta señalar que acogemos a los jóvenes que se suman a los filas leonísticas, con la convicción de que muy pronto, siguiendo los ejemplos que se dan profusamente en nuestros clubes, adquieran la necesaria experiencia leonística, esa experiencia que los habilitará para ejercer en un futuro inmediato las altas funciones para las que están abiertos nuestros cuadros, que son cuadros de trabajo y de amor.