Qué capacidad intelectual debe tener el candidato a socio León?

Por: CL PDG Carlos Antonio Nuñez Gaona

Paraguay

 

Esta pregunta es fuertemente sugerente y al parecer indica dos vertientes de pensamiento bien definidas sobre el tema.

Verdaderamente:

¿Cuál debiera ser la capacidad intelectual de alguien invitado a ingresar a un club de Leones? ¿Se puede medir la voluntad de servir de acuerdo a la cultura del individuo? ¿Puede o no, una persona de escasa cultura y de intelecto mal cultivado; servir a sus semejantes con posibilidades de éxito? ¿Acaso la capacidad intelectual influye en el resultado de un servicio leonístico?

Estas y muchas preguntas más se pueden formular sobre el tema sin encontrar quizá una respuesta definitiva.

Es que tanto la pregunta como la respuesta caen en un encuadre muy subjetivo, en el que la opinión puede variar de persona a persona, sin que a ninguno se le pueda negar su porcentaje de razón.

El derecho a la disidencia en la forma de pensar sobre los distintos aspectos y teorías que hacen a la vida de relación entre hombres y mujeres, nos dice que la capacidad de opinar y por ende de disentir, no terminan en un acuerdo, sino que se diversifican en nuevos razonamientos; esto es lo que toma más interesante la polémica o el enfrentamiento cultural que pueda surgir.

Sin menoscabar posiciones que se ubiquen encontradas con la mía, creo que el futuro León debe ser poseedor de una cultura general de valor suficiente como para permitirle evaluar sus obligaciones hacia la colectividad y hacia el prójimo que está necesitado de sus servicios.

Entiéndase bien que no debe tratarse de una cultura universitaria como elemento excluyente, pero sí debe ser una cultura comprensiva y dinámica, que emane principalmente de la escuela de la vida y de las enseñanzas adquiridas en las aulas.
 

Ello así porque la enseñanza que nos proporciona la vida, con sus diarios cambios y situaciones, es algo que reviste una categoría tal que nadie puede negarla válidamente.

En la enseñanza diaria de la vida aprendemos a desarrollarnos, a comprendernos y a respetarnos, pero más que nada aprendemos a comprender y a respetar a los demás y a entender y comprender de esta manera, las reales necesidades de nuestros semejantes, que nos aparecerán más claras si efectuamos una comparación con las nuestras.

De tal modo es que si el candidato a León posee estas aptitudes humanas, puede convertirse con validez plena en un buen LEON DE SU CLUB.
Pasará así a integrar ese gran número de ese gran ejército de seres anónimos, desinteresados que buscan el bien del semejante, haciendo realidad así el NOSOTROS SERVIMOS.

Esta cultura de la vida, de la comprensión, del amor al prójimo, no importa donde haya sido adquirida, porque abre al León las puertas de su conciencia y pone delante de sus ojos la circunstancia de que "algo no está bien".
Pero cabe aclarar que en este darse al semejante no debe el León circunscribirse a darle de comer o a vestirlo, porque allí estaría rondando la mendicidad.
El León debe hacer ese tipo de obras si considera que es necesario, pero también debe impulsar obras que ayuden a los semejantes a salir adelante y a cambiar su nivel de vida por uno mejor y más adecuado al que corresponde a un ser humano digno.

Debe tratar por ello de darle, no sólo una ayuda circunstancial que palie su hambre de un día, sino darle algo que contribuya a su formación necesaria para cambiar su sistema actual de vida por uno mucho mejor.

Y en este sentido quizá sea lo más adecuado el dotar a nuestros semejantes de facilidades para curarse de sus males físicos y corporales, o perfeccionar instituciones donde adquieran diferentes conocimientos y aprendan oficios que puedan aplicarlos en trabajos útiles y honrados; el formar a nuestras juventudes para no caer en el flagelo de la droga, del alcoholismo.

En fin que el campo en que se pueden volcar nuestras aptitudes adquiridas en esta escuela de la vida, son amplísimas y están esperando de nuestro quehacer.
 

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Recopilado por el León PPDM Dr. Eduardo T. Ojeda Suñen