MALA DIRECCION = MAL AMBIENTE = MALOS RESULTADOS

Recopilado por: CL. Gonzalo Retamal M.

Chile

 

Esto se puede aplicar a todas las jerarquías dentro del Leonismo.

 

Aquellas personas que generan un mal ambiente de trabajo están destinadas a jamás sobresalir y vivir solas para siempre.

La misión de un buen líder es guiar a su grupo de trabajo para que exploten sus potencialidades y las pongan al servicio de la organización.


Es ineludible. En cualquier etapa de nuestra vida nos toparemos con alguna persona indeseable. Ya sea un mal profesor, un mal individuo o dentro de una organización, un mal líder/jefe. Desafortunadamente en el caso de éstos últimos, los ejemplos abundan y hacen que la gente que se encuentre bajo su mando o supervisión, viva una verdadera pesadilla por los incorrectos procedimientos de dicha persona.


Lo peor de todo es que estos individuos no caen en cuenta de su error y creen que su proceder es el indicado, producen un mal efecto en toda la organización y causan innumerables perjuicios para la misma. La mayoría de estas personas no tienen ni idea de las responsabilidades que implica tener el mando, tales como la correcta dirección, administración o liderazgo, y cortan las buenas intenciones que puedan tener sus subordinados.


Así mismo, conocemos muchos casos de personas aburridas con la conducta de sus líderes/jefes, pero no levantan su voz de protesta por miedo a que los juzguen mal. Unas, por el contrario, tratan de buscar nuevos y mejores horizontes en otras organizaciones y en el caso de los leones, a cambiarse de club o concretamente irse del Leonismo, a otras organizaciones en las cuales valoren su esfuerzo y las traten de una buena manera y donde puedan desarrollar todas sus habilidades y potencialidades fundamentalmente tranquilas.


Algunos de estos individuos por su afán de poder y prestigio ven a los miembros como poco dignos para entablar una relación con ellos. Su ego no les permite ver más allá de sus narices y harán hasta la imposible para que ningún subordinado sea mejor que ellos. Formarán sus gabinetes o directivas de trabajo, con gente de su misma clase o con personas sobre las cuales puedan ejercer su dominio sin temor a que éstas tomen represalias.
Esta clase de individuos siempre creará un clima malsano dentro de la organización y harán de la crítica, la amenaza, la ofensa y la orden a la obediencia ciega, su carta de presentación ante eventuales reclamos que puedan hacer los sufridos subalternos.

 

Todo lo antedicho, creará que el mal líder, tenga una pésima reputación en organización y ocasionará que no se le estime, se le tenga como una persona impopular y en algunos casos, hasta se le tema.


Sumado a lo anterior, algunos de estos "personajes" tienen en su mente un alto grado de ambición, lo que les llevará a cumplir sus propósitos por encima de cualquier norma establecida y pueden hasta elaborar tácticas que les permitan la adhesión de muchas miembros (promesas, mentiras, encanto disfrazado, etc.) para consolidar su "grandeza" y ver sus sueños de poder realizados. Ejemplos de esto los encontramos en muchos de nuestros dirigentes.


Estar en un puesto de mando, implica poner todo el empeño necesario para que los colaboradores realicen bien el trabajo y se sientan parte integral de la organización, como tal, no realizar todo ellos, hasta las labores de secretario y estafeta, por no confiar en los demás.


Para evitar que personas con estas características sigan al mando en nuestra organización, debe existir, como primera medida, un grado de autocrítica que le permita a un mal jefe, darse cuenta de su error y entender que un nivel jerárquico alto es un medio necesario para lograr resultados y no algo a lo cual deban aferrarse para sentir poder y hacer daño a aquellas personas que tiene bajo su mando.

Además, es necesario que la estructura organizativa siempre esté abierta al cambio y a las nuevas necesidades y tendencias innovadoras. Esto requiere en los líderes, una mentalidad madura y un carácter firme para ser los primeros en aceptar los modernos procedimientos a que haya lugar y a propender porque su implantación arroje excelentes resultados, beneficiando tanto a los socios, como a la comunidad.


En segundo lugar, un líder debe luchar porque las personas bajo su cargo puedan desarrollarse integralmente, ayudando a minimizar sus dificultades y colaborándoles siempre en lo que necesiten, mostrándoles la visión y valores de la organización y generando ansias de servir y trabajar para que todos los objetivos se lleven a buen término y se alcancen las metas deseadas.


El saber escuchar a los demás es un don que poseen muy pocas personas. Muchos jefes no dejan que sus colaboradores se expresen, causándoles desconfianza y confusión. Esto hará que no se sientan comprendidos y la motivación por realizar la labores diarias desaparecerá, al sentir que no son escuchadas sus demandas y que, por el contrario, la soberbia y el autoritarismo de su jefe va en aumento.


En tercer lugar, para lograr efectividad en una organización, los jefes deben propender a que los miembros se desarrollen tal como es y no hagan cosas que no están en capacidad de realizar o vayan en contra de sus principios.

Ganar el respeto y el aprecio de los colaboradores es la tarea que deben asumir todos los buenos líderes con la intención que todos los individuos se sientan comprometidos a trabajar de la mejor manera, para el bienestar de todo el equipo y toda la organización.


El reto en estos tiempos es tratar de ser buenos líderes. Sólo así lograremos que nuestros socios se esmeren por hacer un trabajo mejor y se genere un ambiente favorable en la organización, que derive en buenos resultados tanto productivos como organizacionales.