Flores, Hojas y Espinas

Por: C.L. PIP Augustin Soliva

Brasil


La Naturaleza es rica en darnos constantemente, ejemplos que a veces ni siquiera son notados por nosotros, más que merecen nuestra atención y meditación.

Un día de estos, caminando en el medio de una pequeña floresta, empecé a observar mejor el proceso de renovación de la Naturaleza. El suelo estaba colorido por los pétalos de las cuaresmeras misturadas con algunas hojas secas y algunas ramas desenganchadas por el viento, amigo natural de los árboles, que los acaricia manteniendo el punto de equilibrio.

El mismo viento que se transforma en justiciero, pues el hace caer flores y hojas en la misma proporción y cuando se hace necesario, desengancha las ramas muertas.

Por qué? Y porque las espinas de las rosas continúan y otras tantas plantas se mantienen, mismo cuando secas, esperando la llegada de la Primavera?

Pero, volvamos a las cuaresmeras, árboles de rara hermosura, y que en esta época del año se muestran como un bello ramillete en medio de la floresta o embelleciendo jardines por unos noventa días. Ellas dejan sus pétalos y hojas caer, para que una nueva vida pueda surgir en su lugar.

Miremos las rosas, que a todos encantan con su belleza, haciendo con que flores, mismo que de corta vida, interpretes de la sinceridad, del amor y la amistad. Cuando no son cortadas a tiempo, caen al suelo, cubriendo con sus pétalos coloridos, transformando el suelo en una alfombra en homenaje al pequeño árbol. Flores que nadie recogió, y el árbol triste, con la ayuda del justiciero, las tiró abajo para que otras puedan nacer.

Piense conmigo: la alegría del árbol es ver que alguien recoja sus flores o solamente las admire.

En la composición del cuadro de la Naturaleza, cada árbol cumple su papel y obedece rigurosamente su proceso. Es el ciclo de la vida. Nace, vive y muere!

Empecé a interesarme por el comportamiento de las semillas de los árboles en el medio de la Floresta. El Justiciero ayuda! El lleva la semilla lejos del tronco madre, para evitar que el árbol que viene de la semilla que fue abrigada por las hojas y flores muertas, sea sofocada por su madre. En la realidad la naturaleza nos enseña que ningún árbol crece y se reproduce en la sombra de otro, pues le faltaría espacio, sol, viento y lluvia.

Veamos la enseñanza que la Naturaleza nos transmite y que sirve para nuestro día a día como grandes instructores. Qué belleza si seguimos también en el leonismo la Universidad de la Floresta y sus normas de actuación. Cada compañero León y su Domadora representan un árbol. Reproducen flores, hojas, frutos y conviven con las espinas. Flores y hojas que representan nuestras actividades, algunas mas, otras menos.

La mayor tristeza de un árbol, sea el productor de frutos o flores, es no ver que alguien admire su hermosura, o peor que alguien recoja sus frutos.

Las pétalas que caen son el símbolo del liderazgo en nivel de Club, de Distrito e Internacional, que anualmente son renovadas.

Está llegando la época de la renovación. Los Clubes eligen sus Presidentes y con ellos los otros dirigentes. Los Distritos eligen sus Gobernadores y estos forman sus gabinetes. La Directoría internacional es renovada. Finalmente todo se renueva, y junto llega la esperanza y el deseo de éxito. Ocurre que no es solamente elegir y esperar que las cosas ocurran por si solas. Los Compañeros y Domadoras son el sol y la lluvia para la Floresta, los jardines y los pomares. Todos nosotros hacemos parte de esta inmensa floresta, en la cual ningún árbol crece y se fortalece a la sombra de otro. No podemos ni siquiera imaginar que seremos rosa y hojas bonitas más sin las espinas.

Ser León es renunciar al egoísmo.

Ser León es asumir una misión.

Ser León es aceptar un apostolado.

Ser León es aceptar la prueba cotidiana de coraje y de ser auténtico.

Al no serlo, no estamos abrazando la filosofía del servicio desinteresado. Necesitamos sí, vivir la plenitud de esta filosofía, sendo parte del espíritu Leonístico. No basta usar el distintivo y apenas participar de las reuniones. Tenemos que descubrir y practicar cada día nuestra inmensa potencialidad de ser humano y de fuerza multiplicadora del amor.

Es así que veo la Floresta, los jardines y los pomares. Obsérvelos y pregúntese a si mismo:

Qué árbol soy yo?

La respuesta es suya! Después, piense, analice, medite.

Felicitaciones por el excelente trabajo en su comunidad