"La Conciliación: Herramienta para el Diálogo"

Recopilación.


¿En que consiste la conciliación?

Uno de los principales problemas que tenemos nosotros los humanos en la vida diaria, es que cortamos la comunicación, y dejamos de hablarnos sin ningún motivo aparente con nuestros amigos y familiares.

En la vida cotidiana se nos "olvida" fácilmente hablar como lo hacíamos en el noviazgo ó en los primeros meses de matrimonio, y abrimos entonces un abismo muchas veces insalvable.

Aceptamos, tácitamente, situaciones que nos disgustan en ese momento preciso, y se abre entonces una brecha insalvable, por culpa del orgullo propio y la falta de tolerancia...

Por eso existe la conciliación, para frenar esa situación anómala, que es un mecanismo alternativo para solucionar conflictos al cual le da más realce, del que debería tener en principio.

Con este mecanismo alternativo, el Estado propicia un espacio para que los ciudadanos busquen acuerdos simples, cuando se ha deteriorado enormemente su capacidad de diálogo.

Conciliar es acudir donde un "conciliador" y contarle el problema existente: "Mi esposa no me da dinero para la manutención de mis hijos"... El escucha pacientemente a las dos partes, crea el clima apropiado de confianza necesario para que se expresen libremente, y trata por todos los medios de que lleguen a un entendimiento mutuo.

El conciliador, no tiene potestad alguna para decidir por cuenta propia, pero sí la capacidad para atraer a los dos afectados con el problema existente, y ayudarles a limar asperezas, y encontrar finalmente una solución rápida y efectiva.

Lo que se logra con esta reunión, queda registrado simplemente en un acta de familia, con carácter obligatorio para ambas partes, de obediencia tácita para beneficio de la familia.

¿Qué asuntos conciliar y para qué?

Cualquier asunto que atente contra la armonía familiar y tenga consecuencias graves a la integridad familiar ó contra la familia como institución básica de la sociedad, con el fin primordial de recobrar la estabilidad y la confianza familiar, ó por lo menos, de restablecer la sana comunicación expedita entres seres civilizados.

En otra palabras, todo comportamiento de un miembro de la familia, que implique violencia doméstica, daño físico ó psíquico, amenaza verbal, maltrato, agresión y ofensa son síntomas graves que debe ser pautado por una autoridad competente.

Reciben especial cuidado la violencia intrafamiliar, los atentados contra los derechos fundamentales de los niños: a la vida, a la integridad, a la salud, a tener una familia, y a no ser separados de ella por ningún motivo lógico.

En forma práctica, son -por ejemplo- temas de conciliación: la regulación de visitas conyugales a hijos de padres separados, las cuotas alimenticias, la suspensión de actos bochornosos que impliquen agresión física y psíquica a cualquier miembro de la familia, cualquier asunto económico.

También, muchos de los procesos que se pretenden ventilar ante la jurisdicción de familia, tienen como requisito básico para abrir el proceso, llevar la constancia de que se agotó previamente todos los medios disponibles una audiencia de conciliación familiar.

Entre ellos están: la separación de cuerpos, el divorcio que no sea de mutuo acuerdo, la declaración de la unión marital de hecho, la separación de bienes, etc.

Esto es con el fin primordial de ofrecer una alternativa viable de diálogo antes de iniciar prontamente un dispendioso trámite burocrático.

Así se han restablecido y se ha llegado a acuerdos prematrimoniales muchas relaciones, ó por lo menos, se ha evitado que el problema crezca de forma desmedida sin freno alguno.

¿Qué sentido práctico tiene conciliar?

El ser humano muchas veces se crea los problemas solos. Crecimos en la cultura del pleito diario, de llevarnos el punto, y por lo general no hemos aprendido a buscar soluciones factibles y rápidas a los problemas, a resolverlas, antes de poner la barrera del "No dialogo", de la indiferencia existencial.

La realidad palpable nos muestra que los problemas que se originan desde la familia, nicho mínimo de la sociedad, necesariamente trasciende en forma de violencia familiar e injusticia social.

Y, es precisamente por la realidad palpable de violencia, de desintegración del ser humano, de rompimiento permanente de hogares, que estamos cobrando conciencia, de que el camino es otro a seguir para que la famillia no se desintegre.

Hace falta sobre todo el diálogo familiar, la tolerancia, el entendimiento entre personas, del ser que está al frente... hace falta conciliar.

Vivimos en un estado de derecho, en donde la familia es reconocida especialmente por las instituciones nacionales, y está prácticamente protegida por muchas leyes.

Aprovechemos, la conciliación como una herramienta práctica que nos va a brindar el Estado, como una alternativa viable y práctica, para aprender a resolver los problemas familiares desde dentro.

¿A quien acudir?

A la Comisaría de Familia más cercana a la residencia familiar. Ella es una autoridad encargada del bienestar de la familia en general. Procede a citar a la persona que está violando los principios básicos y mínimos de la convivencia familiar, y como lo indicamos anteriormente, trata de acercar de verdad a las partes en conflicto, para limar asperezas, y eliminar conflictos familiares.


Por: Autor Desconocido.