EN BUSCA DE UN EQUILIBRIO

Por: CL PDI Luis Murad

Argentina

Quienes tengan la posibilidad de observar panorámicamente a los Clubes de Leones, podrán apreciar que las personalidades que los constituyen, con pocas variantes, se repiten. Podríamos afirmar que se tratarían de los mismos personajes con distintos actores.


En muchas oportunidades se ha escuchado decir que el leonismo recibe a los hombres y mujeres de la comunidad ya formados, con una personalidad definida, con pocas posibilidades de variarla fundamentalmente. Así los recoge la selva, para que integrado al grupo humano que la forma, puedan exteriorizar su vocación de servicio. Debemos admitirlos como son, tratando de aunar voluntades sin pretender cambiarlos, logrando el producto deseado en beneficio del medio en que vive. Repasemos sus personalidades.


Hay quienes se identifican con el resto en forma inmediata, otros en un proceso más lento. Según sea cada uno, a poco de sus ingresos o luego de un tiempo, comienzan su rendimiento. Algunos llegan más lejos, identificándose plenamente con los postulados leonísticos, mientras otros se quedan exclusivamente en la labor comunitaria.


Con cierta frecuencia se ha escuchado hablar de Leones que trabajan intensamente y de Leones que, poco o nada. Bienvenido los que laboran mucho, pero ¿qué hacer con los que no aportan nada? ¿se les pide la renuncia? ¿No será que no se lo ha ubicado en el lugar adecuado donde pueda ser eficaz? Entonces no todo es culpa suya. Es preciso que cada miembro de un club sea puesto donde mas le gusta y para donde sus cualidades personales lo indiquen. Allí está la habilidad de la selva, más precisamente de su Presidente, de encontrar el lugar donde el León más rinde y se encuentre mas confortablemente.
Hay que aceptar que cuando un Club lleva muchos años de actividad, cuenta con una clase pasiva, constituida por Leones mayores. La Sociedad cuenta con gente física e intelectualmente activos y otros donde los años han producido un desgaste natural. Son los que no producen lo que consumen. No por ello se los desprecia, por el contrario se los veneran. Algo así ocurre en el pequeño mundo de la selva donde los "ansiamos tan sereno y tan cordial".

Afortunado el Club que cuenta con personas maduras, que en su momento fueron el alma impulsora creando el prestigio que ahora goza la selva.


El ingreso permanente de sangre nueva hace que el ritmo de acción no decaiga, a ellos debemos recurrir para la constante actividad de servicios. Los mayores están para que sus experiencias indiquen la pausa que permita pensar en los momentos más difíciles.
Un Club constituido por gente joven, con muchos deseos de hacer y por Leones maduros, serenos y reflexivos, logra el equilibrio ideal, que le permite desempeñarse satisfactoriamente, con los elementos adecuados y debidamente ubicados en cada una de las necesidades.