La conducción como llamado y respuesta

Por: C.L. PDG Jorge Enrique Bonavera

Distrito "O" 4 - Argentina

Seguramente, en el recorrido institucional de la mayoría de los Leones, al menos la de aquellos que sienten la necesidad de "saber para actuar", se registren asistencia a charlas de instrucción leonística, cursos de capacitación, talleres y encuentros que han girado en torno al tema del liderazgo y los
distintos tipos que lo conforman.

Se han clasificado así esos modelos diligénciales como liderazgo paternalista; democrático, participativo o autocrático.

Las conclusiones, por lo general apuntan al hecho de que en el Leonismo, y seguramente en muchas otras instituciones, no se puede optar a priori por un tipo determinado de liderazgo como el óptimo ya que ello depende, se afirma, de los distintos momentos por los que atraviesa la entidad y que reclamarían un liderazgo adecuado a sus particulares circunstancias.

Se dice así que en un Club en vías de desintegración no hay cabida para un liderazgo de tipo democrático participativo, sino que se impone la fuerza unificadora de un liderazgo mucho más fuerte y centralista, es decir autocrático. De igual modo se analizan otras situaciones, en las cuales los otros modos de conducción podrían tener cabida.

Sin dejar de reconocer que esta forma de argumentar encierra elementos valederos, creemos que incurre en un relativismo peligroso, en tanto no opta con claridad por un tipo de liderazgo como aquel que mejor promueve la riqueza grupal y se adecua a la cultura democrática republicana que hoy recorre el cuerpo social argentino.

En este sentido entendemos que el Leonismo , en cuanto privilegia la libertad, y en cuanto busca entre sus objetivos promover los valores que atañen a la "buena ciudadanía", no puede dejar de ser claro al respecto: el líder de un grupo leonístico debe sentir , pensar y obrar como un hombre democrático y participativo. El líder visceralmente democrático, llegadas circunstancias extremas que desaconsejen o impidan un ejercicio democrático en plenitud, sabrá ejercer con la mesura y firmeza su rol de líder centralista. Pero lo que es mucho más importante, sabrá retomar rápidamente a las pautas participativas, superada la situación de crisis. Su propia estructura psicológica y espiritual lo impulsará a retomar la senda que normalmente ha transitado en el ejercicio de su liderazgo.

La situación contraria, se nos ocurre un imposible lógico. El líder naturalmente autocrático no sabe moverse dentro de climas de libertad; desconoce los beneficios de la participación o bien ésta se le aparece como una dilación insoportable de "sus impecables proyectos".Es por ello que, si bien pueda tener algún éxito circunstancial, a la larga su impronta absolutista volverá a hacer peligrar al grupo sea por imposibilitarle su crecimiento, o bien provocando el éxodo de aquellos para quienes el clima que él necesita, al hombre libre se le vuelve irrespirable.

Esta actitud a menudo tolerada por la Selva, suele proyectarse hacia la máxima autoridad Distrital. Para muchos Leones, de cuya sinceridad y laboriosidad no se puede dudar, la figura del Gobernador adquiere caracteres casi míticos. No se lo reverencia por lo que él es, sino por lo que representa, según afirman los más entusiastas defensores de un Gobernador que, desde la soledad de su poder (aunque debiendo siempre tener presente que lo supervisa la Matriz) conduce los destinos del distrito.

En este caso, más que la figura del Gobernador de turno, preocupa el sobredimensionamiento que le conceden desde variados sectores diligénciales del Leonismo, en orden a sus facultades (que individualmente son muchas) pero más aún preocupa el rechazo que en algunos genera toda institucionalización normativa que tienda a limitar su poder absoluto y a provocar, al menos, la exigencia de someter a consulta temas institucionales que requieren visiones diversas, aún para
iluminar aquello que, en definitiva, resuelva el Gobernador Distrital. Llama la atención esta insistencia de algunos en no constreñir al Gobernador, no ya a coparticipar en decisiones institucionales de trascendencia, sino ni siquiera a aconsejarle la necesidad de consultar la opinión de otros dirigentes.

En tanto la sociedad democrática progresa en el sentido de limitar las facultades del poder administrador y de establecer controles de su gestión, como así también en la de generar modos alternativos de resolución de conflictos, para algunos Leones la figura de un León Gobernador "con manos libres", casi la figura de la dictadura anual romana, los tranquiliza.

El líder autocrático no puede generar respuestas comprometidas porque tan sólo logra, en el mejor de los casos, asentimientos de subordinación de operadores (incondicionales o forzados) que no participan de una visión compartida, sino se someten a la orden indiscutida del poder administrador.

Creemos que, ante nuestra crisis de crecimiento, se impone reflexionar sobre los modos conductivos que exhiben nuestros clubes y, reconocer cuáles son los rasgos esenciales que lo definen. Esa mirada debe abarcar todos los ámbitos leonísticos pues en muchos de ellos suelen generarse liderazgos autocráticos, que más allá de actitudes paternalistas y a menudo simpáticas y hasta afectuosas, denotan una íntima desconfianza en la movilización del pensamiento crítico de los "dirigidos".

En este sentido no es infrecuente verificar en los clubes líderes a los cuales el trabajo participativo le resulta extraño y hasta contraproducente. Más allá de la existencia formal de los comités, para la mentalidad del líder autocrático estos no son las usinas de ideas y proyectos serviciales, sino más bien son los ejecutores de "su planificación". Descontando su entusiasmo y generalmente la
laboriosidad, a veces obsesiva, de este tipo de liderazgo, lo nocivo de esta actividad salta a la vista: el Club para esta clase de autoridad carece, o al menos debe posponer, todo aquello que sea iniciativa. Mucho peor aún: sus proyectos no deben ser sometidos a confrontación, sino que un buen comité es
para el líder autocrático, quien mejor y más rápidamente implementa la planificación sugerida del Presidente del Club. Lejos de nosotros pensar que esos Leones sea estructuralmente antidemocráticas; sin embargo ese paréntesis que realizan tratándose del mundo leonístico, no cabe sino ubicarla como una asimilación excesiva de facultades inherentes a autoridades absolutas e inerrantes.

En el Leonismo puede existir - existe- una peligrosa tendencia a instalar en su esfera conductiva la cultura de la eficiencia - siempre deseable- a costa del crecimiento armónico y sostenido de la cultura participativa, necesariamente exigible en una institución cuya divisa la encabeza el concepto de Libertad. Creemos que esa dicotomía es superable por una reflexión serena y profunda de nuestros objetivos.

El Leonismo no puede sino ser un agente principalísimo de la servicialidad; esto, en cuanto condición necesaria pero no suficiente del proyecto leonístico, exige la integración de aquel rasgo esencial con el no menos importante carácter de promotor de la cultura democrática y participativa.

La conciliación de ambos aspectos es tarea de todos aquellos que aspiran a un Leonismo sensible a las necesidades comunitarias y al crecimiento institucional de la República.