Situaciones negativas dentro del Club II

Por: C.L. Alberto Jacobson

Argentina


Dentro de estas situaciones hay algunas que, por reiterativas en el universo leonístico, se han convertido en "clásicas".
Hemos hablado sobre "los que fueron y quieren seguir siendo", hoy tocaremos el tema del león que, al ser elegido Presidente, comienza a creerse DUEÑO del Club.
Esta situación, frecuente aunque no lo reconozcamos, es una de las más destructivas que puede atravesar un Club.
En los cursos que dictamos sobre liderazgo, hacemos permanente referencia a que una de las virtudes deseables y necesarias en un Líder es la humildad.
La condición de Líder se ejerce por la percepción y el convencimiento del grupo de quien está al frente lo es, y nunca por imposición.
El cargo (eventual) no hace al líder, solo le da la posibilidad de demostrar su capacidad y volcarla a favor del grupo.
Hemos visto leones que fueron invitados a pertenecer al Club y al movimiento porque alguien los vio como personas de bien, interesadas en colaborar con la sociedad, capaces de encausar su vocación por medio del leonismo, y una vez ingresados concurren regularmente, hacen las tareas que se les asignan, mantienen un perfil bajo o medio, hasta que un día (un lamentable día) la Selva decide darle la oportunidad (que es deseable que todos en algún momento tengan) de ejercer la Presidencia del Club. Se lo postula, se lo elige de acuerdo al método que cada Club tiene establecido y llegado el momento, entra en funciones. Y allí se produce una metamorfosis, pero no de crisálida en mariposa, sino del Dr Jekyl a Mr Hyde, y la persona que intuimos capaz de dirigir el Club en beneficio del grupo, comienza a "manejar" este a su gusto, en forma dictatorial, imponiendo su voluntad aún a contramano de las normas establecidas.
A veces, llegando a manifestar ( y tratar de convencer) de que todo en el leonismo está mal, e intentan fabricar un leonismo "a su manera".
Poco tardan estas actitudes en provocar rechazos, y luego comienza la rápida degradación del ambiente de amistad y alegría que costó años formar. Reuniones con agrias discusiones, socios que por no pasar malos momentos dejan de ir, no se hacen proyectos a futuro porque se agotan en discusiones sin sentido, divisiones internas que se agrandan hasta la ruptura y la (a veces) inevitable fuga de leones que prefieren la tranquilidad de su hogar al infierno en que se transformó su Selva. Generalmente estos leones que se creyeron dueños del Club, terminado su año de presidencia, se van, convencidos de que las cosas les fueron mal porque hubo una conspiración en su contra, renegando del leonismo como institución y transformándose en los peores detractores del movimiento.
Si esto ocurre, el Club rápidamente se recupera, la amistad y la camaradería vuelven a aparecer, se retoman las líneas de trabajo y con el tiempo son solo un mal recuerdo.