LA AMISTAD EN EL LEONISMO

Por: CL Jorge Bustos Moreno.

Ecuador

"Un bon ami Cést un cadeau de Dieu". Un buen amigo es un regalo de Dios. Eso decía Napoleón, el corzo genial y grande antes de verse sometido y empequeñecido por su propio egoísmo.

"Practicar la amistad como un fin y no como un medio. Sostener que la verdadera amistad existe no por razón del servicio prestado sino que se acepta con el mismo espíritu con que se realiza, sin pedir nada por ello". Este es el más hermoso y también el más difícil de cumplir de todos los preceptos de nuestro Código de Ética, y además es el fundamento filosófico y espiritual del Leonismo. Infortunadamente la nobleza del Hombre tiene sus límites y la práctica de la amistad exige un escenario que desborda los límites del alma.

Es que el ejercicio diario del Leonismo es difícil y exigente. Difícil porque convoca los valores superiores del Hombre, porque reclama bondad, requiere sacrificios, pide cada día mayor entrega, más dedicación. El Leonismo es insaciable; se nutre de las virtudes humanas y las reclama cada vez con mayor urgencia y mayor perfección.

Así, la práctica cotidiana del amor es exigente porque sólo con los dones más puros del espíritu se le puede servir.

Y la amistad es precisamente eso. Un don del espíritu. Es la manifestación más clara y palpable de que el Hombre está hecho de lo mejor de la naturaleza y por tanto tiene los más altos destinos. La amistad, dice Cicerón, es un perfecto acuerdo sobre todas las cosas divinas, junto con un sentimiento recíproco de afecto y benevolencia.

En el alma humana hay la fuerza para las grandes obras y la debilidad suficiente para doblegarse ante el peso de una lágrima. El alma tiene el temple de los héroes que entregan a los pies de la libertad, en aras del ideal, su razón de ser, y al mismo tiempo vibra y se agita en desasosegado compás ante la leve brisa del desengaño. Y solamente en el ámbito dorado de un alma pura, grande y noble se puede albergar el sentimiento de la verdadera amistad.

El alma humana está hecha de amor, de voluntad, de ternura, de altruismo. Si en el laboratorio de la fe y de la esperanza pudiéramos mezclar esas virtudes, escasamente veríamos nacer, débil y enfermiza la amistad. Es necesario, entonces, fortificarla y enaltecerla con el cotidiano ejercicio, con la práctica de esa virtud que debiera despertar envidia aún entre los ángeles.

El amor más puro tiene siempre algún interés. El más perfecto es el amor de Dios, tiene el interés de nuestra propia salvación. El amor de los padres, que es de los terrenales el más noble, tiene el interés de la felicidad de los hijos y la propia satisfacción. El interés que puede haber en la amistad, que no es un concepto relativo sino una razón absoluta, es sólo el de hallar en el amigo un alma gemela para disfrutar la vida con todas las probabilidades de felicidad y todos los riesgos de dolor y de desesperanza. De la mujer amada esperamos su entrega material y espiritual, con todo lo que ella implica de sacrificios y renunciaciones. Del amigo sólo esperamos amistad vertida en el apretón de manos, pero de manos limpias de interés, porque la verdadera amistad no pide nada. Sólo la satisfacción de saber que alguien nos acepta con defectos y virtudes, nos comprende en nuestras debilidades, perdona nuestras faltas y se entusiasma con nuestros triunfos porque ellos afectan gratamente su alma.

Un verdadero amigo no nos condena; nos oye antes, justifica en todo o en parte nuestro error y luego, con la generosidad del perdón, nos reconviene amablemente para que no volvamos a herirlo con nuestro pecado, cuyo reflejo mancha su alma y acongoja su espíritu. El verdadero amigo tiene para nuestras fallas una voz de aliento, para nuestras dudas una ratificación de su fe y su confianza, para nuestros dolores sus propias lágrimas.

El verdadero amigo no nos analiza a través de ligeras y falaces aseveraciones de terceros, sino mediante el concepto que el conocimiento de muchos años le ha permitido formarse de nosotros. El verdadero amigo no nos sacrifica ni siquiera a favor de otro amigo, porque prefiere la imparcialidad antes que la injusticia. El verdadero amigo es el que, en horas de dolor, baja al fondo de nuestra propia tristeza para rescatarnos de la angustia, no el que pugna por llegar a las alturas para divisar desde allí el panorama de nuestros triunfos.

El verdadero amigo perdona el error irreflexivo pero es implacable contra la decisión de traficar con el alma y con el pensamiento.

Así, el primer precepto de la amistad es pedir a los amigos sólo lo honesto y sólo lo honesto hacer por ellos. La amistad ha sido concebida por la Naturaleza para apoyo de las virtudes, no para compañera de los vicios; sin embargo, es en medio de los vicios donde más se habla de ella.

Por todo esto es tan difícil la práctica de la amistad. Y en el Leonismo, las deficiencias de la amistad son graves. Si por falta de amistad rechazamos un candidato a León por haber sido presentado por determinado compañero que no es de nuestras simpatías, estamos perjudicando al Leonismo. Si negamos nuestra colaboración en la realización de un proyecto para no propiciar el éxito de determinado León, estamos lesionando al club; si exaltamos a un León a costa del prestigio de otro, estamos exponiendo al Leonismo. Si por falta de amistad callamos la crítica justa, oportuna, constructiva, o si por la misma causa hacemos más acerba y dura nuestra censura, perjudicamos al Leonismo.

Conozco muchos clubes, todos los del Distrito G y muchos otros distritos, pero no es necesario hacer alarde de experiencia para poder afirmar que todos, absolutamente todos los problemas internos de los clubes, inclusive los que han significado fracasos definitivos, fueron causados por faltas de amistad, o por un falso concepto de la amistad o por una crisis total de ese sentimiento indispensable, básico, esencial en la vida del Leonismo.

Y en la medida en que el mundo ha cambiado sus criterios, en la forma como las costumbres se han relajado y el respeto por los valores eternos ha menguado, la calidad de la amistad se ha afectado, con el natural deterioro de las relaciones entre los Leones.

Domadoras y Leones debemos hacer un esfuerzo máximo en procura del afianzamiento de la amistad como fundamento del Leonismo. Alentar rencillas, dispersar consejos, exagerar los errores, considerar que nuestra opinión es la única verdad, son causas muy frecuentes entre nosotros y causas de muchos de nuestros males.

Es necesario tener en cuenta que en todo tipo de sociedades hay razones que pueden superar las naturales desavenencias. En la familia, los lazos de sangre nos redimen de las incomprensiones; en las sociedades comerciales, los intereses económicos eliminan las transitorias dificultades. En el Leonismo no tenemos esas razones a favor de nuestra causa, porque sus intereses no persiguen más que dividendos espirituales cuyo valor no atrae sino a espíritus selectos.

Si. Los Leones somos espíritus selectos. Sólo así es posible tener, practicar y fomentar las virtudes que el Leonismo exige y necesita para su existencia.

Quien sea consciente de que su estructura moral no encuadra dentro de estos postulados, debe retirarse. Buscar sitio donde su pobre alma no distorsione en un ámbito de bondad y de nobleza.

Y se me ocurre sugerir algo que quizá no se haya hecho en los clubes: Un foro de sinceridad donde se diga a cada León, a cada Domadora, sus defectos y se exalten sus virtudes. Y sobre todo, donde se dé la oportunidad a cada cual de presentar sus descargos, de eliminar las dudas que haya sobre su conducta, de explicar las razones de sus actitudes.

Naturalmente, este experimento sólo podría hacerse con nobleza, con generosidad, con espíritu constructivo, amplio y capaz de aceptar los argumentos que se presenten y no con el ánimo de destruir. Esto podría resultar una terapia heroica que puede provocar bajas y hasta disolución de clubes; pero también es cierto que un León que no soporte esta prueba, un club inferior a tal circunstancia, no deben existir.

De todas manera sería muy útil realizar reuniones en las cuales el tema de la amistad sea el centro del debate, para hacer análisis sobre los factores que tanto están incidiendo en la crisis del entendimiento, que, no podemos negar, es la causa del debilitamiento de muchos clubes. En tales ocasiones es necesario insistir en que la amistad es la base del Leonismo; en que quienes no sean capaces de renunciar a su vanidad para reconocer los méritos de los demás, no tienen fibra de León. Se dirá siempre que la humildad es mejor que el egoísmo; que sí reconocemos nuestras debilidades que sí causamos la baja de un socio, y se llegaría a la conclusión de que en el Leonismo no hay sitio para espíritus pequeños, para intereses mezquinos, para los personalismos, para la mentira ni el rencor.