VIDA DIRIGENTE O EL ARTE DE VIVIR

Gentileza del PDG Manuel Márquez Campos

Club de Leones de Torremolinos - España

Primera parte

La idea del liderazgo aparece rodeada de una aureola mágica y misteriosa que, por un lado, inspira respeto y veneración y por otro ejerce una poderosa fascinación, atrae de manera irresistible. Las mismas palabras utilizadas para designar los conceptos de "líder" y "liderazgo" resuenan en todos los idiomas con un acento especialmente evocador. Se suele hablar de la "magia" de ciertas palabras, cargadas de hondo poder de sugestión, henchidas de fuerza y atractivo, rebosantes de potencia seductora, y la de "liderazgo" es una de ellas.

Es tal el encanto o poder mágico que encierra esta idea clave, que aun en una época tan gregaria, niveladora y masificada como la nuestra, básicamente hostil a todo aquello que hace posible el ideal del líder, dicha noción o idea sigue despertando un enorme interés, como lo demuestra la riada de literatura que se publica sobre este tema y la avidez con que la misma es devorada por amplios sectores de la población.

No es extraño, pues en el ideal del liderazgo se encierran muchas de las más excelsas cualidades humanas. La figura del líder se alza ante nuestros ojos como un arquetipo mítico que, inmóvil desde su elevada distancia, busca encarnarse en el devenir histórico de las sociedades humanas y nos llama como un lejano eco de nuestros orígenes, apelando al fondo de nuestra conciencia para que nos esforcemos por plasmarla y hacerla realidad en nuestro bregar cotidiano. En torno al líder – ya ejerza su influencia en el plano religioso, político, social o cultural - gira la vida entera de la civilización y la cultura. Es el líder quien da vida a las grandes creaciones culturales y quien abre los cauces que la hacen posibles. De la fuerza y espontaneidad con que en una cultura se desarrolle el liderazgo, del clima más o menos propicio que en ella encuentre el cultivo de las virtudes dirigentes, dependerá su vitalidad y su misma viabilidad futura.

Pero no es sólo que , como antes apuntaba, la noción del liderazgo ejerza una atracción o influjo mágico sobre el alma de las gentes; es que en sí mismo, en su misma acción y naturaleza, el liderazgo se presenta como algo mágico, en la significación que el lenguaje popular suele dar a tal adjetivo: una realidad o fuerza difícilmente aferrable, que se escapa a todo análisis y descripción , que no es posible encerrar en fórmulas racionales o esquemas conceptuales ; pero. que, al mismo tiempo, es enormemente valiosa, decisiva para la vida humana, estando dotada de inmenso poder, - poder que podríamos calificar de sanador o vivificante - y que tiene repercusiones prodigiosas sobre la realidad, sobre la vida social, sobre el devenir de la humanidad y de la cultura.

Ciertamente el liderazgo tiene mucho de magia, al igual que tiene mucho de arte. Arte, por lo que entraña de voluntad de belleza y perfección; porque su fin no es otro que cincelar la existencia humana, teniendo como objeto la creación de una obra bella, toda hecha de orden, proporción y armonía, y requiere por ello la mano delicada de un auténtico artista. Y arte también, porque no puede ser aprendido en los libros o manuales, ni es posible estudiando una carrera o a través de una serie de cursos académicos al uso: no se puede ser líder recibiendo un diploma o título universitario, de esos que se contemplan hoy día con fe supersticiosa como si con ellos se pudiera conseguir cualquier cosa e incluso producir el milagro de convertir la necedad en sapiencia. No puede estudiarse de una manera libresca, seca e intelectualista, como hoy se tiende a estudiar tantas cosas, porque, al igual que cualquier otro arte, el arte de dirigir tiene que ser vivido , intensamente vivido. Como todo arte, el liderazgo requiere destreza, práctica y experiencia, amor a lo que se hace, sentido de la medida y de las proporciones, cuidado primoroso en el aprendizaje y en la ejecución y, por último, inspiración. Esa inspiración que viene cuando se vive una obra o tarea a fondo, con amor, entusiasmo, entrega y disciplina. Sin todo esto no será posible siquiera llegar a entender de lo que se trata.

Pero el liderazgo, además de ser arte, rebosa también un fluido mágico; es una alta magia, porque exige y lleva consigo un especial poder de "encantamiento" , un poder transmutador de lo real; porque, en última instancia, pretende devolver a la vida todo su hechizo y su encanto, su charme, del que lo ha privado una mentalidad desencantada y desencantadora, y porque supone captar y aprovechar la invisible interrelación entre las cosas, manejar las fuerzas sutiles de la realidad humana y cósmica, para llevar a cabo un proceso de transformación de dicha realidad que, dados los extraordinarios efectos que es capaz de conseguir con unos mínimos medios, bien puede considerarse una actividad mágica, aunque sea en sentido metafórico y analógico . En este sentido Karl von Eckartshausen, el místico vábaro amigo de Kant , hablaba de una "varita mágica" de la que está dotado el buen gobernante , el líder sabio y hombre de bien que vive armonizado en las leyes divinas del cosmos. Esta es, en el fondo, la misión que incumbe a un auténtico líder , y especialmente en estos tiempos de desencanto y desilusión generalizados: re-encontrar al mundo; hacer que los hombres vuelvan a encontrar las palancas sutiles que dan acceso a las fuentes de la vida y que les han de permitir transformar su propia existencia; devolver a los individuos y a los pueblos la ilusión de vivir. Ahora bien, difícilmente podría el líder llevar a cabo esta misión encantadora, sublimemente mágica y hechizadora, si él mismo no poseyera como rasgo personal una cierta capacidad de encantar, un toque de encanto.

No estará de más recordar que, según Arnold Toynbee, el hechizo o encanto, the charm, es una de las cualidades que distinguen a toda minoría rectora , forjadora de civilización , y que es consecuencia o irradiación de su capacidad creadora. El concepto anglosajón del charm propio de los líderes viene a corresponderse - aunque no sea totalmente equivalente – con el nuestro de carisma, tan empleado al hablar de jefes y líderes, aunque, por desgracia, de haya abusado demasiado del mismo, sobre todo por parte de aquellos que creen que el único líder posible es el "líder carismático" , expresión que, a su vez, suele aplicarse a personas que incurren en actitudes o modos de proceder nada recomendables y que son la negación del verdadero liderazgo. Pero dejando a un lado esas aberrantes deformaciones, se impone reconocer que todo buen líder posee un cierto "carisma ", algo misterioso que emana de su fuerte personalidad y que resulta al mismo tiempo dulce y potente, entrañable y seductor.

Prenda y señal distintiva del líder es, en efecto, su encanto, su atractivo, su magnetismo personal , su poder de fascinación o seducción; esto es, su capacidad para generar adhesión, ilusión y entusiasmo en torno a su persona. El líder es un imán viviente, un polo magnético que atrae con fuerza irresistible, un ser fascinante, cautivador, que ejerce una influencia mágica y misteriosa a su alrededor. Encontrar el secreto de ese atractivo significa encontrar el secreto del liderazgo, Recogiendo la idea bellamente expuesta por Goethe en su inmortal poema "Fausto" acerca de las condiciones requeridas para la conquista de la belleza y para el descubrimiento de los secretos o tesoros ocultos de la existencia , y aplicando tales nociones al tema, podríamos decir que quien desee encontrar el tesoro que encierra el genuino liderazgo "necesita del arte supremo, magia de los sabios" . De supremo "arte mágico" o "arte regio" podría ser calificado el arte del liderazgo – esto último , por la íntima conexión que guarda con las nociones de rey y realeza, es decir, con la suprema función rectora- Es en verdad un arte regio que, como veremos, tiene tras de sí toda la apoyatura de una sabiduría de la vida, sin la cual no sería nada.

Desvelar el misterio de este arte regio del liderar, desentrañar el núcleo secreto en el que radica su magia: este es el objetivo que nos proponemos. Tratar de descubrir ese recóndito tesoro de ciencia y saber hacer. Para aprovecharlo y ponerlo en acción al servicio de la comunidad de que formamos parte, del mundo en que nos insertamos. Descubrir el arcano o clave oculta de tan poderosa fuerza transmutadora de lo humano, para poder apropiárnosla, para asimilarla y hacerla nuestra, para incorporarla a nuestra propia vida, de tal forma que ésta se vaya haciendo más rica y armónica , fecunda y esplendorosa.

¿Cuál es el germen dorado de donde brota la magia y el misterio del liderazgo? ¿Qué es lo que da a la figura del líder su encanto y su irresistible atractivo? ¿De donde le viene su autoridad, su prestigio, su fuerza, su poder transformador y creador, su capacidad para influir sobre los destinos humanos? ¿ Cómo conquistar ese numen, ese carisma, ese poder mágico y seductor que el liderazgo lleva consigo? He aquí alguno de los interrogantes a los que trataremos de dar respuesta.

VIDA DIRIGENTE O EL ARTE DE VIVIR

Segunda parte

Podemos definir el liderazgo como la capacidad para dirigir la vida,tanto propia como ajena, y llevarla hacia cimas de perfección y plenitud; la virtud o fuerza interior que faculta a una persona para dominar una serie de energías y conducirlas hacia una meta previamente fijada.Líder es toda persona, hombre o mujer, en quien se halla presente esa capacidad virtud o fuerza conductora.Posee la virtud del liderazgo, quien está capacitado para ponerse al frente de otros seres humanos y mostrarles el camino a seguir para lograr su realización como personas y su inserción armónica en un todo comunitario que aumente sus posibilidades vitales.

Liderar es dirigir, guiar, conducir o dirigir. Pero no se trata de dirigir de cualquier forma y para conseguir cualquier objetivo, sino de dirigir con un sentido positivo, creador, enriquecedor de la realidad. Es condición indispensable que la acción del dirigente se traduzca en un aumento del nivel de vida de la sociedad o grupo que lidera y de los individuos que la integran. Y no es necesario aclarar que la expresión "nivel de vida" ha de entenderse en el sentido amplio y genuino, abarcador de la vida en su totalidad, y no con la exclusiva referencia al nivel material de vida con que normalmente se usa.

La finalidad del liderazgo, lo que constituye su razón de ser es el ennoblecimiento de la vida, su elevación y enriquecimiento. Dicho con otras palabras: realizar los valores que dan sentido a la existencia humana; hacer avanzar la vida hacia cotas de mayor altura moral, hacia estados más perfectos y de más rico contenido; configurar la vida con arreglo a modelos de nobleza, justicia y dignidad.El liderazgo tiene, por tanto, siempre ante sí un horizonte ético: hecho de autenticidad, integridad, rectitud, donde prima lo realmente valioso. Si se observan las cosas a fondo , se comprobará que, a la postre, la acción de un auténtico líder se orienta a la plasmación en la vida social de la tríada platónica del bien, la verdad y la belleza.

No se puede hablar de auténtico liderazgo –en el sentido en que aquí usamos esta palabra – cuando la actividad del jefe y del grupo por el dirigido vaya orientada a la socavación o negación de los valores en los que se asienta la vida humana.

Misión del líder es conducir a los suyos hacia formas más logradas de vida en común, donde cada cual pueda desarrollar sus capacidades y cumplir sus fines. Crear condiciones de orden, libertad, prosperidad, paz y armonía. El buen líder, con su buen hacer, con su recta ejecutoria, con su pensamiento y su palabra, con su ejemplo, con su misma presencia, enriquece y eleva la vida de la comunidad que dirige; ennoblece su propia vida personal y la vida de los suyos. En aquellas ocasiones en las que se dé todo lo contrario, en las que la vida quede envilecida, degradada y empobrecida, podremos detectar siempre la acción de un mal dirigente o de un anti-líder – o mejor, de varios, pues el anti-líder rara vez actúa solo -. A la acción dirigente podría aplicarse el viejo lema iniciático de los misterios de Eleusis: "conócete a ti mismo; ennoblécete a ti mismo"; ennoblécete para ennoblecer a los demás y ennoblecer al mundo que te rodea.

Por lo dicho resulta fácil deducir que el ejercicio del liderazgo es una empresa heroica. EL LÍDER ES UN HÉROE DE LA CULTURA Y DE LA VIDA SOCIAL. Un héroe que ofrenda su vida en el cumplimiento de una alta misión, aunque ésta se desarrolle de forma callada y modesta, lejos del mundanal ruido. Es posible que sea el heroísmo silencioso del trabajo cotidiano o de los pequeños hechos de cada día, ejecutado acaso en el reducido ámbito del propio hogar o de un pequeño taller; pero no por ello dejará de tener esa grandeza que siempre lleva consigo la vida heroica, puesta al servicio de la vida noble y de los altos valores que la animan y hacen posible.

El líder es un foco irradiador de luz y fuerza. Su misión es dar ambas cosas al resto de los mortales: darles luz para que puedan orientar sus pasos y fuerza para que sepan sostenerse en la empresa iniciada.Todo auténtico líder actúa como foco de luz en cuanto que ilumina en medio de la oscuridad, orienta y guía como un faro, muestra el camino a seguir , evitando que los seres humanos se descarríen y sigan caminos equivocados. Y es también centro de fuerza, porque su acción no se agota en ese indicar el camino a los que le siguen, sino que además tiene que darles la fuerza y el aliento necesarios para que se atrevan a recorrerlo , para que no teman ni vacilen en emprender la marcha. Es deber del líder apoyar y estimular a los suyos para que se lancen a la aventura de recorrer el camino que él ha abierto e infundirles ánimo para que puedan recorrerlo sin desfallecer.

Son éstas, la de orientar y la de animar, dos funciones que cobran especial significación en los tiempos difíciles, de crisis y descomposición como estos en los que actualmente vivimos, en los cuales no solo la oscuridad y la confusión impiden ver con claridad, sino que además las fuerzas flaquean , cunde el desánimo , no se tienen arrestos para emprender nada y una propaganda insidiosa hace creer que esos horizontes de grandeza humana, de paz y armonía son inalcanzables, etéreas quimeras.