La depresión y sus indicadores Indicadores clínicos

Se denomina depresión al cuadro clínico caracterizado por la presencia de indicadores clínicos:

1· Estado afectivo continuo o sostenido de TRISTEZA, de estado de ánimo nostálgico, sensación permanente o  

habitual de desamparo, etc.

2· Inhibición psicomotriz
3· Agitación psicomotriz
4· Trastorno del ritmo del sueño: insomnio o hipersomnio.
5· Autoreproches de tipo generalizado. Autocrítica excesiva y sentimientos de culpa. Sentimiento de inferioridad.

Autoimagen desvalorizada, comparaciones negativas con la valoración de los otros.

6· Visión pesimista de la vida, del futuro y de las propias posibilidades de logros, transformación, etc.

Pérdida de interés o placer en distintos aspectos de la vida cotidiana.

7· Sentimiento de insuficiencia, incapacidad, minusvalía.
8· Dificultad con tomar decisiones vinculada al punto 5.
9· Irritabilidad y angustia.

10· Trastorno del apetito: anorexia o hiperfagia en depresión ansiosa con defensas maníacas utilizando el aliento como

antidepresivo.

11· Preocupaciones con la imagen del propio cuerpo, pérdida del atractivo y el interés sexual.
12· Pensamientos hipocondríacos
13· Autodegradación, pensamientos o impulsos suicidas.

Los distintos indicadores pueden presentarse en proporciones variables dentro de un cuadro dado.
    
Todos estos y varios otros pueden considerarse indicadores o aún equivalentes de la depresión (como ocurre con ciertos cuadros psicosomáticos). Estos distintos elementos pueden presentarse en proporciones variables dentro de un cuadro dado.

Más allá de estos diversos criterios clínicos más amplios y detallados, suele decirse que alguien está deprimido cuando se siente persistentemente triste y abatido, aun cuando falten los otros elementos mencionados.

La depresión   (Dra. Graciela Peyrú Psiquiatra)

Parecieran resaltar como rasgos definitorios en la depresión, la tristeza y la inhibición. Esta ultima no está presente en la depresión agitada, no resultando esencial para definir la depresión.

Por lo tanto, el núcleo de la depresión lo constituye la tristeza. Sólo en la depresión se equipara tan claramente un síntoma patológico (depresión) con una emoción (tristeza).

Depresión = Tristeza    Esta ecuación refleja una concepción acerca de las depresiones y es que en realidad, en muchos casos, el sentimiento pone en marcha todo el conjunto de síntomas depresivos. Los otros integrantes del cuadro depresivo resultarían una consecuencia.

Tan es así, que el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales incluye a las depresiones dentro de los "trastornos del estado de ánimo". Se las considera, por lo tanto, parte de los "trastornos del humor o de la afectividad".

En ocasiones, se acepta como equivalente de la tristeza el opacamiento del interés o la alegría. Puede, por otra parte, estar presente la tristeza sin lentificación ni opacamiento del funcionamiento intelectual, sino que por el contrario, la ansiedad y la excitación psicomotriz predominan en algunas depresiones. En esta segunda combinación llamamos al cuadro: depresión ansiosa o agitada. Sin embargo, la presencia de la angustia y la hiperactividad no resulta suficiente para cambiar la denominación de depresión. En este tipo de depresión la tristeza y los sentimientos de desesperación que acompañan a la ansiedad y a la hiperactividad siguen marcando la definición misma del cuadro.

Sólo en la depresión se equipara tan claramente un síntoma patológico (depresión) con una emoción (tristeza).
    
Recordemos esa situación tan familiar en la que alguien, tras una desilusión amorosa, estudiantil o laboral ve disminuir su interés por el cuidado de sus cosas, en salir o encontrarse con otros. Se presenta ante los ojos del observador un desinterés y una inhibición mas o menos acentuada. No siempre la persona siente tristeza o se hace reproches. La inhibición y el desinterés aparecen como lo central del fenómeno.

Se podría decir que ese individuo en realidad está triste pero que no se percata de ello, siendo su tristeza inconsciente. A pesar de que la solución es atractiva, no se puede sostener, pues si la tristeza es un afecto, no puede ser inconsciente. Freud destaca, en "Lo Inconsciente", que los afectos, por ser procesos de descarga, son conscientes.

Depresión y tristeza

La tristeza y la inhibición son consideradas los síntomas centrales de la depresión. Sin embargo, la tristeza en sí misma, no puede ser considerada un síntoma. Se trata, por el contrario, de una emoción normal, que forma parte del amplio abanico de afectos humanos, cuya ausencia nos resulta más llamativa que su aparición regular.

Conocemos infinidad de situaciones familiares y cotidianas, que luego de vivirlas, sentimos disminuir nuestro interés por las personas y las cosas, que hasta ese momento nos resultaban atractivas.

Si la tristeza no está presente como guía diagnóstica, otros indicadores pueden alertarnos sobre una depresión. En esos momentos, en que experimentamos tristeza y una inhibición mas o menos perceptible en nuestro nivel de actividad, llamadas vulgarmente "bajón", puede aparecer o no con tristeza o autoreproches agregados. Lo que aparece en primer término es una inhibición de la actividad, el ritmo, o la intensidad de nuestra actividad psíquica.

Si la tristeza no está presente como guía diagnóstica, otros indicadores pueden alertarnos sobre una depresión: por ejemplo, una persona puede autoreprocharse y estar enojada consigo misma, sin presentar tristeza ni inhibición. Puede también, no sentir interés por Io que le rodea y ésta ser la única manifestación de apatía y abulia. El aburrimiento o la dejadez pueden señalar un tinte depresivo en la vinculación con lo cotidiano. En un grado menor suelen ser indicadores de excesiva autocrítica o provocar trastornos en el sostén de la autoestima de matiz depresivo.

Esta reacción, que muy pocos especialistas vacilarían en catalogar como depresiva no resulta indispensable, sin embargo, para definir la depresión ya que está ausente en las depresiones ansiosas. En estas depresiones aumenta el ritmo de las asociaciones, el apetito, etc. La tristeza como indicador esencial, sin embargo, debe estar presente.

Es difícil, por otra parte, decir que una persona está triste y que no se da cuenta de ello, es decir que la tristeza es inconsciente. En realidad, los afectos son procesos conscientes. Los afectos, a diferencia de las ideas, pueden ser transformados pero no reprimidos. Cuando los afectos se suprimen, es decir cuando no están presentes en la conciencia, no se tornan inconscientes. Por lo tanto, es necesario explicar los efectos de la tristeza de otra manera.

Por otra parte los mecanismos de defensa que actúan sobre las ideas no son los mismos que los que actúan sobre los afectos. Los afectos pueden ser suprimidos, transformados en lo contrario, etc. pero no reprimidos. Por este motivo, si bien puede hablarse de la tristeza como un afecto central en la depresión, no podría hablarse de una tristeza inconsciente, como causa de una depresión.

Depresión del lactante

Nuestros deseos y necesidades nos llevan a dirigirnos hacia las relaciones interpersonales, con la expectativa de lograr una satisfacción. La misma actividad de aproximación a lo deseado, acompañado de expectativas de satisfacción produce alegría. La alegría se vincula al goce anticipado.

Así podemos entender que no es imprescindible la pérdida de una relación, ya que la simple pérdida de expectativas dentro de un vínculo puede desencadenar la sintomatología de la depresión. Resulta indispensable identificar el rol que en cada momento de una depresión juegan los desequilibrios en las variedades: esperanza/desesperanza - ilusión/ desilusión - expectativas/ decepciones, etc. La simple pérdida de expectativas dentro de un vínculo puede desencadenar la sintomatología de la depresión.

Un importante investigador, Spitz, observó en bebés de 6 a 12 meses que cuando se los separaba de sus madres, con las que previamente habían mantenido una buena relación, desarrollaban una serie de alteraciones. Estas alteraciones cumplían una secuencia fija:

Inmediatamente después de la separación los bebés comenzaban a llorar, lo que contrastaba con el estado de ánimo alegre que mostraban hasta ese momento.


Posteriormente aparecía retraimiento y los bebes dejaban de llorar y comenzaban a yacer postrados en sus camitas, sin tomar parte de la vida que los rodeaba. Esta retracción "depresiva" está tanto vinculada a la pérdida de la relación con la madre como a la pérdida de la expectativa de "reencontrar" el vínculo con ella. El retraimiento persiste dos o tres meses, durante los cuales los bebes pierden peso, padecen de insomnio, tienen un retraso en el crecimiento, etc.


Un tercer período está caracterizado por la inexpresividad facial. Los bebes quedan tendidos, con los ojos muy abiertos, sin expresión, la cara inmóvil, como si estuvieran totalmente aislados del medio ambiente.

Spitz destacó que "la sintomatología de los niños separados de sus madres se asemeja de modo sorprendente a los síntomas que nos son familiares en la depresión adulta".

La pérdida de una relación amorosa es sobresaliente hasta el punto de considerarla como el factor determinante de las depresiones del niño y el adulto.

Es interesante señalar que, en los casos de privación materna prolongada, cesa además la actividad autoerótica de los bebés, quienes entran en una retracción profunda incompatible con la vida.

Esta reacción básica a la pérdida del amor, el estímulo y el reconocimiento, implícito en las reacciones interpersonales, se mantendrá como un a reacción fundamental del psiquismo de los niños, jóvenes y adultos, durante toda la vida.

Este patrón de respuesta depresiva resulta esencial en la constitución mínima de todos los vínculos humanos con las personas y los objetos significativos, constituyendo un componente fundante de la estructuración del psiquismo, de sus rasgos normales y algunas de sus patologías más importantes.

Sin duda la reacción depresiva tiene amplias consecuencias, no sólo en el desarrollo del psiquismo individual sino además en los desarrollos más amplios de las culturas y las sociedades que el hombre construye, pudiendo entenderse muchos fenómenos a la luz de las reacciones depresivas o los importantes mecanismos de defensa y recuperación que éstas desencadenan.

La Dra. Graciela Peyrú es Médica Psiquiatra de la Universidad de Buenos Aires. Presidenta de la Fundación para la Salud Mental, Buenos Aires, Argentina. Autora de numerosos trabajos de investigación y difusión, entre otros su libro "Papá puedo mirar la tele". Colaboradora de prestigiosas publicaciones en Estados Unidos, Europa y Latinoamérica. Directora de la revista "Psicología en Bs. As.", publicación de la Fundación para la Salud Mental.

Colaboración CL Gonzalo Retamal Moya

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