24 de Marzo Día Mundial de la Tuberculosis

El 24 de marzo de 1882, el médico bacteriólogo alemán Robert Koch (1843-1910), galardonado en 1905 con el premio Nobel de Medicina, presentó el descubrimiento del bacilo de la tuberculosis, al que posteriormente le dio su nombre, dando el paso más importante, hasta ese momento, en la lucha contra la enfermedad. Un siglo más tarde, en 1982, la Organización Mundial de la Salud estableció que cada año, en esa fecha, se celebrara el Día Mundial de la Tuberculosis esfuerzo internacional orientado a que las personas, alrededor del mundo, tomen conciencia de la grave amenaza para la salud que representa la enfermedad. Este año el Día mundial de la Tuberculosis se celebra bajo el lema: “Eliminación de la Tuberculosis. ¡Ya es el momento!”

Un poco de historia de la enfermedad
La tuberculosis (TB) es una enfermedad tan antigua como la humanidad. Lesiones que se atribuyen a la enfermedad han sido descritas en los huesos de momias egipcias que datan de 3.700 años aC. El bacilo que la provoca (bacilo de Koch o Mycobacterium tuberculosis), es un agente común al hombre y a los animales; por ello rastros de la enfermedad han sido encontrados en animales del período paleolítico. El bacilo de la TB procede evolutivamente de una bacteria del suelo que logró pasar a infectar al ganado bovino. Los estudiosos opinan que la tuberculosis bovina alcanzó al hombre cuando este pasó a vivir en aldeas y domesticó los animales. La costumbre de hacer que las vacas ocuparan la planta baja de las viviendas, como fuente de calor, mientras las personas ocupaban la planta alta, crearon condiciones favorables para que el bacilo alcanzara al hombre. Se cree que la TB era desconocida o poco frecuente en América, a la que habría llegado traída por las corrientes colonizadoras españolas y portuguesas. Sin embargo, estudios actuales de momias peruanas del período precolombino, parecen indicar que la enfermedad ya existía en esa época en América.
En el siglo XIX, los muertos por tuberculosis eran calificados como padeciendo “mal de amores” ya que la enfermedad golpeaba a personas jóvenes, delicadas, sensibles y habitualmente pobres, por lo que también se le dio el calificativo de “la enfermedad romántica del siglo”. Gustavo Adolfo Bécquer, Frédéric Chopin y Alfonso XII sufrieron y murieron a causa de la TB. Quizá el personaje más famoso acosado por la enfermedad, sea Margarita Gautier, constituida en símbolo desde que Alejandro Dumas hijo, inspirado en la “cortesana” Marie Duplesis, le diera vida como protagonista de su célebre novela “La dama de las camelias”, inmortalizada también, más tarde, por Giuseppe Verdi en su ópera La Traviata.

Situación mundial de la TB
Según la OMS la TB es la segunda causa principal de muerte en el mundo, provocando más de 2.000.000 de muertos anuales. Es la enfermedad que ocasiona más muertes que el paludismo y el SIDA combinados. El 90% de los enfermos viven en los países menos desarrollados. Hacia el futuro, la OMS estima que hasta 2020, existirán más de 1.000 millones de infectados de los cuales 150.000.000 enfermarán y de ellos, casi 36 millones morirán. En conjunto, actualmente un tercio de la población mundial está infectada, no enferma, de TB y entre el 5% y el 10% de ellos, se enfermarán en algún momento a lo largo de su vida.
La tuberculosis constituye un importante problema tanto por el número de personas que se enferman y que transmiten la enfermedad, como por la cantidad de las que mueren a causa de ella, a pesar que tiene un diagnóstico sencillo y un tratamiento que es eficaz, en la gran mayoría de los casos. Se estima que cada persona enferma y no tratada, puede infectar un promedio de entre 10 y 15 personas por año, lo que hace que alguien, en el mundo, se infecte por TB cada segundo.


Situación en la Argentina
De acuerdo al informe “Situación de la Tuberculosis. República Argentina,2001”, preparado por el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias “Emilio Coni”, en el año 2001 se notificaron 11.464 casos nuevos de TB, cifra que refleja una tendencia declinante, aunque no suficiente, en relación con años anteriores, en la presencia de la enfermedad. En conjunto los casos nuevos de la enfermedad dan una incidencia de casi 31 casos por cada 100.000 habitantes, siendo casi 3, las personas que mueren cada año, en esa misma cantidad de población. En el Distrito O1, las provincias más afectadas son Salta y Jujuy con más de 70 casos por 100.000. Le siguen, mucho más lejos, Tucumán, Catamarca, La Rioja, Córdoba, San Juan, Santiago del Estero y Mendoza, en ese orden, en las que la cantidad de personas afectadas es entre tres y siete veces más baja. San Luis, con casi 7 casos por 100.000, es la provincia menos afectada. Ambos sexos pueden padecerla casi por igual, existiendo una pequeña predominancia del sexo masculino y las edades entre 20 y 24 años muestran la mayor carga de la enfermedad.

El por qué de la alarma
Existen una serie de circunstancias que han hecho que la enfermedad se ofrezca como una clara amenaza para la salud pública mundial. Dos de ellas son las más relevantes: la aparición de resistencia microbiana al tratamiento y la epidemia mundial de SIDA.
En 1940 comienza a reconocerse que muchas personas ofrecían resistencia al tratamiento con alguno de los medicamentos eficaces que existían. En 35 países estudiados en 1998, se encontró que un 36% de los enfermos mostraban resistencia a alguno de los cinco medicamentos más comúnmente usados para el tratamiento y un 13% de situaciones en las que la resistencia alcanzaba a varios de los medicamentos.
Por otro lado, la epidemia mundial de SIDA después de 1980, se ha transformado en un aliado de la tuberculosis, interfiriendo en lo que hasta entonces era el curso declinante que naturalmente, la enfermedad había tomado. Para peor, esta enfermedad contagiosa está retornando a los países del Primer Mundo, en las que era poco frecuente, hecho denunciado a partir de 1990 y atribuido tanto a la epidemia de VIH – SIDA, como al intenso flujo migratorio que se observa en esos países y a la existencia de segmentos de la sociedad que viven en deficientes condiciones.

Qué debemos saber de la tuberculosis
La TB es una enfermedad infecciosa que se contagia en forma directa, de persona a persona, a través del aire al que pasan las bacterias expulsadas por los enfermos al toser, estornudar, gritar, hablar, etc. En general la fuente de contagio se encuentra entre los miembros de la familia, los amigos o los compañeros de trabajo.
Una vez que el bacilo ingresa al organismo produce la infección que, en la mayoría de los casos permanece inactiva, sin provocar enfermedad durante muchos años, o durante toda la vida de la persona. En ese estado, estando infectado pero no enfermo, la persona no produce el contagio a otras.
Otras veces, sobre todo cuando existe una debilidad en las defensas orgánicas, la persona enferma en cuanto toma contacto con el bacilo o bien, en esas condiciones, las bacterias ya alojadas en el organismo, se reactivan. Las personas que poseen más riesgo son las que tienen alguna deficiencia en su sistema inmunitario como sucede en las personas de edad, los que tienen diabetes mellitus, insuficiencia renal crónica, algunos tipos de cáncer o HIV; también están más expuestos los desnutridos, los drogadictos y los alcohólicos.
El blanco más común de la enfermedad son los pulmones (75% de los casos) aunque puede atacar cualquier parte del organismo humano. La tuberculosis pulmonar es la responsable fundamental de la transmisión, y por lo tanto del mantenimiento de la enfermedad. Los síntomas más importantes de la enfermedad pulmonar incluyen: sensación de cansancio constante, pérdida de peso y adelgazamiento, tos persistente que dura varias semanas ( dos a tres), fiebre (apenas unas líneas) y sudoración especialmente nocturnas y pérdida del apetito. Cuando la enfermedad está avanzada es posible observar la presencia de sangre en los esputos. Otros síntomas dependen del sistema u órgano afectado, distinto de los pulmones.

Caminando hacia la eliminación de la tuberculosis
Vencer la enfermedad requiere el compromiso y el esfuerzo altruista y diligente tanto de los gobiernos como de las organizaciones comunitarias que, en forma conjunta, pongan sobre roca firme su decisión de promover el diagnóstico, el tratamiento y el control de la infección.
El diagnóstico de la enfermedad requiere la realización de pruebas sencillas y de bajo costo que deben ser aplicadas especialmente en las personas que, por sus síntomas se sospecha que tienen la enfermedad, en aquellas que hayan tenido contacto diario muy cercano con el enfermo de TB o en las que tengan su sistema inmunológico debilitado, que padezcan ciertos problemas de salud o que tengan patrones de conducta no saludables.
El tratamiento es efectivo en más del 80% de los casos, a pesar de la resistencia que puede tener el bacilo a la acción de los medicamentos. En general se usa la combinación de varias sustancias que deben ser tomadas durante plazos no menores a los 6 meses para lograr la curación de la enfermedad. Con un tratamiento efectuado correctamente y con la constancia del enfermo para cumplirlo, a las pocas semanas este deja de eliminar bacilos y, aunque todavía no esté curado, pierde su capacidad contagiante. A partir de 1991 la OMS introdujo a escala mundial una estrategia para la detección y cura de la TB que recibió el nombre de Tratamiento Directamente Observado, de Corta Duración (DOTS, en inglés), que con un costo de aproximadamente 10 dólares por paciente, ha permitido alcanzar tasas de curación asombrosas: 96% de los casos en China y 91% en el Perú. En la Argentina, durante 2001, la tasa de curación con ese sistema alcanzó solo al 77,4 % de los casos, lejos todavía del objetivo fijado por la OMS de lograr la curación del 85% de los casos.
La vacuna BCG previene, aunque no completamente, la infección, limita su diseminación y evita la aparición de formas graves de la enfermedad. La Sociedad Argentina de Pediatría recomienda la vacunación de todos los recién nacidos antes que abandonen la maternidad y un refuerzo a los 6 años de edad. Actualmente están en proceso de desarrollo vacunas obtenidas a partir del conocimiento completo de la constitución genética del bacilo de la TB, aunque todavía no se han demostrado superiores a la vieja vacuna obtenida por Calmette y Guérin.
Como se ve, contamos con herramientas efectivas que pueden llevarnos a alcanzar la meta de eliminar la enfermedad. Para lograrlo es necesario realizar esfuerzos que sean constantes y consistentes, en un claro compromiso de evitar una enfermedad que es prevenible y curable.

 

 

Colaboración CL Franklin Moyano

Argentina